El Ejército Mexicano del 68

Parte de Novedades.

Con información del periodista Juan Veledíaz, a medianos de los años 60s, el legendario Secretario de la Defensa Nacional el General de División Marcelino García Barragán, llamó a su hombre de más confianza, a su jefe de Estado Mayor, el General de Brigada Mario Ballesteros Prieto, y le pidió que le ordenara al jefe de la sección segunda del estado mayor la S-2 (inteligencia militar), al Teniente Coronel Víctor Manuel Ruiz Pérez,  que elaborara un análisis sobre las condiciones en que se encontraba el ejército mexicano en el caso de que se deshiciera una conflagración mundial que afectará al territorio nacional.

El informe de ocho hojas, fue entregado al general García Barragán.  El documento era claro: ninguna de las tres ramas de las Fuerzas Armadas (Ejército, Fuerza Aérea y Marina) alcanzaban el nivel mínimo de capacitación indispensable para garantizar el cumplimiento de las misiones que tiene encomendadas por la Constitución.

Eran unas fuerzas armadas preparadas para atender otras empresas nacionales de urgencia más ingente que, al paso de los años, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos las habían colocado en situación de relegar a segundo término la importancia de su equipamiento y adiestramiento.

El documento se encuentra en uno de los expedientes que la Sedena envió al Archivo General de la Nación con la palabra “secreto” impresa en cada una de las hojas; el teniente coronel Ruiz Pérez anotó:

“Nuestra situación externa ha sido la que a través de las distintas épocas ha ejercido una influencia más notable en nuestra política militar, la que orientada también al servicio de nuestra política exterior ha tendido a mantener unas Fuerzas Armadas reducidas, destinadas exclusivamente a construir la base de las fuerzas requeridas para la defensa de nuestra independencia, integridad territorial y soberanía nacional, y no a integrar un instrumento de fuerza con fines de agresión”.

La tarea era en la creación de un poderoso Ejército gubernamental con alta moral combativa, para poder hacer frente a cualquier situación interna y externa que afecte al estado mexicano, apuntaba el jefe de Inteligencia Militar del Estado Mayor de la Sedena.

Ruiz Pérez trazó un escenario sobre cómo afectaría a México una guerra entre las potencias nucleares, Estados Unidos y la Unión Soviética. Señalaba que el Ejército Mexicano carecía de un sistema de defensa antiaéreo que le permitiera repeler los posibles ataques de los enemigos de los estadunidenses, con quienes, por razones geopolíticas y compromisos internacionales, México sería visto como aliado natural.

Ruiz Pérez escribió que, en los años 60s, el Ejército Mexicano disponía de una fuerza de más de 100 mil hombres regularmente equipados y con una experiencia de combate bastante aceptable, como consecuencia del movimiento revolucionario que vivió el país.

Al paso de los años, el equipamiento y la falta de adiestramiento, relegados por el gobierno, colocaban al Ejército Mexicano en franca desventaja frente a cualquier ejército extranjero. Para el jefe de la S-2, no había duda de que con ese escenario, las preocupaciones defensivas que tienen los estadounidenses por el sur y la falta de preparación militar de nuestro país pudieran orillarlos a violar la soberanía territorio, mares y espacio aéreo mexicano.

En su apartado de conclusiones, el teniente coronel advertía a García Barragán de la necesidad de modificar la política militar para que las Fuerzas Armadas tuvieran los niveles indispensables para cumplir con la misión que la Constitución establece. Por el cual, la Defensa Nacional se llevará a cabo en el nivel y magnitud requeridos.

Cabe mencionar que también se hace necesario la reconstrucción del mando de las Fuerzas Armadas para colocarlas bajo un mando único; por ello consideró que el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz autorizara una reforma de las Fuerzas Armadas. En caso de que esta no se realizara, el Ejército Mexicano estaba en la disyuntiva de verse obligado a una colaboración desde condicionada hasta absoluta con los Estados Unidos, o bien en una abierta no colaboración.

A penas seis meses después del informe de Ruiz Pérez, una columna guerrillera de filiación comunista, intentó asaltar el cuartel militar del pueblo de Madera Chihuahua. Los militares causaron ocho bajas a los alzados, entre ellos su líder, y murieron cinco soldados.

Desde finales del siglo XIX, la infantería mexicana —la misma que ocupó Ciudad Universitaria y Tlatelolco en 1968— se armó casi en su totalidad con fusiles, carabinas, pistolas y ametralladoras que el Gobierno compraba en el extranjero, principalmente a Estados Unidos y Alemania.

Los elementos militares regulares cargaban fusiles Mauser conocidos en México como “mosquetones”, mismos que siguen utilizándose para el adiestramiento de algunos elementos del Servicio Militar Nacional (S.M.N).

El Mosquetón Modelo 1954 fue desarrollado en México a partir del Mauser M1936 (como el que usaron los alemanes durante gran parte de la Segunda Guerra Mundial) y es el que aparece preponderantemente en las imágenes de la época.

Mauser K98 modelo 1936. Este fusil está basado en el Modelo de 1910, con un sistema de cerrojo más sencillo de usar y un cuerpo de una longitud menor al desarrollo en 1898, basado en el Mauser 98k, usado en la Primera Guerra Mundial.

Este mosquetón fue el último con sistema de cerrojo que usó el Ejército Mexicano, y usaba un calibre diferente al de los alemanes, el .30 o de 7.62mm, como el que usa el rifle de precisión Springfield modelo 1902 (también usado durante la Segunda Guerra Mundial).

El “Mosquetón” cuenta con un cargador interno que se alimenta con “peines” de cinco balas y un sostén para bayoneta. Se sabe que los soldados mexicanos preferían este fusil debido a su precisión y potencia para derribar objetivos de un solo tiro. Dicho modelo fue usado desde 1954 hasta 1970.

No obstante que ésta era la herramienta reglamentaria del ejército, algunos elementos sobre todo los oficiales usaban carabinas semiautomáticas M1 o M2, basadas en el modelo M1 Garand usado por los elementos militares de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial.
Detalle de una carabina U.S. M2 con culata fija de madera y cargador recto de cartuchos .30.

El M1 o M2 usa un calibre .30 y cargadores extraíbles externos de 15 o 30 cartuchos. En algunas fotos de esa época  vemos algunos elementos del ejército usar el modelo para infantería con culata fija de madera. Por su precisión, el M1 y el M2 pueden llevar una mira telescópica para realizar tiros efectivos de hasta 450 metros.

Por otro lado, algunos elementos, en especial los del Batallón Olimpia, integrados por distintas fuerzas de diversas Zonas Militares del país, usaron el Mosquetón 1954 y las carabinas M1 y M2, así como pistolas semiautomáticas Colt M1911 calibre .45, .38 y de 9 mm fabricadas por la empresa estadounidense Browning.

En vísperas del 2 de Octubre del 68, ante la incapacidad de la Policía capitalina de remover a los estudiantes, personal militar se montó en sus tanquetas blindadas para abrir plaza.

Esas tanquetas, llamadas equivocadamente “tanques”, son modelo M8 Greyhound, fabricado en el marco de la Segunda Guerra Mundial por la automotriz Ford y el vehículo blindado MAC-1 y MAC-2 (denominados en México como MEX-1 y MEX-2), manufacturados por la estadounidense Chrysler a principios de los sesenta.

El M8, creado para la guerra, portaba ametralladoras coaxiales Browning calibre 7.62 y Browning M2 de 12.7 mm. Los MAC-1 y MAC-2 portaban cañones de 20mm y una ametralladora coaxial MAG de 7.62 mm. Su peso era de más de seis toneladas cada uno.

La noche del domingo 20 de julio de 1968, el ejército interviene en la disolución de un mitin de estudiantes en el Zócalo al usar una bazuka o lanzacohetes antitanque para tirar el portón labrado al estilo barroco colonial (superviviente de la Guerra de Independencia, la de Reforma y la Decena Trágica) de la Preparatoria 1, pudo haber sido el M9A1 o el M20A1B1 “Súper Bazuka”.

De ser el M20A1B1, el lanzacohetes habría usado un cohete autopropulsado M28 de 3.5 pulgadas de clase “High Explosive”, diseñado para perforar hasta el blindaje más grueso utilizados en  las guerras de Corea o Vietnam.

Esas eran las condiciones con que el Ejército Mexicano se encontraba, tal vez bien capacitado, pero mal armado y en eso años, sobre todo el 68 fue utilizado y traicionado por aquellos que tanto lo limitaron y abandonaron en su crecimiento, para que siguiera siendo el guardián de la nación.

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