El engaño a los padres de familia sobre la prohibición de las drogas

Durante muchas décadas a la población en general y en particular a los padres de familia se nos engañó sobre el tema de prohibir las drogas como medida para resolver los efectos dañinos que el consumo de las mismas puede tener. Abusando de argumentos morales inoperantes, se propuso que si las sustancias podían generar consecuencias malas por su consumo, lo procedente era prohibirlas e incluso se nos dijo que el fundamento era “para que las drogas no lleguen a tus hijos”.

El problema es que todas esas premisas son falsas y se han derrumbado ante la dureza de los datos sobre las verdaderas consecuencias de esta política.

Vayamos al origen. La prohibición tiene como sustento el que si se coarta el suministro de los estupefacientes resulta imposible consumirlas. Sin embargo, eliminar dicha disponibilidad es imposible porque la demanda para su consumo no varía por el hecho de que estén prohibidas las sustancias. La simple ley de oferta y demanda cumple su impacto a pesar de que artificialmente se quiera hacer lo contrario.

En esta tarea de abrir los ojos y reconocer las verdades, especial tarea tenemos los padres de familia.
La única diferencia es que la oferta ahora se realiza a la luz de un mercado clandestino en que el control regulatorio (cantidades, calidades, dosis, años de edad para consumo, diversidad, lugares de consumo, etc.) se ejerce directamente por la delincuencia organizada. Todo un botín que la prohibición les obsequió. Esa es la realidad que nos han pretendido ocultar por años y décadas.

Pero la simulación se derrumba y ahora vemos que hay una multiplicación de quienes finalmente están dispuestos a ver la realidad. En corto, muchos de los altos oficiales administrativos y legislativos admitían desde hace años que efectivamente ya no veían mérito o posibilidad alguna de éxito a través de la política prohibicionista, pero todos se escudaban en decir que mientras no hubiera luz verde en Los Pinos (en el presente y previo sexenio) simplemente no darían marcha atrás en la toma de decisiones, y en particular en las asignaciones presupuestales multimillonarias que generaron un dispendio extraordinario en los últimos 12 años.

Lo grave es no solamente todo el dinero que nos gastamos, sino todos los terribles resultados que hemos obtenido a cambio: más de 200,000 muertos, más de 30,000 desaparecidos, más de 250,000 desplazados, millones de personas afectadas en sus familias, trabajo o comunidades. Un desastre por donde se le vea.

Pero ahora ha llegado el momento para abrir los ojos, conocer los datos finales y reconocer el verdadero impacto de estas fallidas decisiones de muchos pseudoservidores públicos. Ellos son corresponsables de la debacle que en materia de seguridad y justicia vive el país por la simple y sencilla razón de que sabiendo ellos que no estaban haciendo bien las cosas, hoy estamos viviendo una pesadilla, con un país que parece más bien un enorme cementerio.

En esta tarea de abrir los ojos y reconocer las verdades, especial tarea tenemos los padres de familia. El mayor de los riesgos está en las condiciones actuales en que a nuestros hijos les ofrecen en cualquier callejón, lugar clandestino o incluso en las escuelas todo tipo de drogas en pastillas de todos los colores. El control de la calidad, cantidad, dosis y disponibilidad lo tiene la delincuencia organizada cuando es claro que estas facultades le corresponden y nunca se debieron haber perdido de las manos del Estado. Si podemos regular tabaco, alcohol y medicinas, no hay razón por la cual no podamos hacerlo con otras drogas.

Exijamos a los actuales y futuros gobernantes que se quiten las caretas y finalmente respondan ante la imperiosa necesidad de vigilar los mejores intereses de la población.
Ha llegado el tiempo del cambio y de que justamente los ciudadanos no dejemos que nos sigan engañando. Nuestro mejor aliado es la información y la exigencia de que el Estado se fortalezca para utilizar sus mejores herramientas en materia de prevención, tratamiento y cuidado en las cuestiones sanitarias, eliminando los controles que hoy están en manos de la delincuencia organizada.

Este cambio es un paso necesario de muchos otros para lograr revertir la actual crisis de seguridad y violencia. Solamente retirando esta enorme fuente de recursos económicos es que lograremos retomar el control del país. No hay tiempo que perder.

Exijamos a los actuales y futuros gobernantes que se quiten las caretas y finalmente respondan ante la imperiosa necesidad de vigilar los mejores intereses de la población. Con información los ciudadanos podremos ser mucho más eficaces en este proceso de cambio. Para ello sírvanse visitarnos en www.mucd.org.mx donde podrán encontrar amplia literatura de por qué regular es la mejor y única alternativa en la materia.

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* The HuffPost México.