En Juchitán, la tradición de Semana Santa es comer tamales de iguana

ACOMPAÑA CRÓNICA: MÉXICO SEMANA SANTA MEX36. JUCHITÁN (MÉXICO), 29/03/2018.- Fotografía del 28 de marzo de 2018 de Rosalba Quintana (c) preparando las iguanas que utilizará para la elaboración de tamales en la ciudad de Juchitán, en el estado de Oaxaca (México). Los tamales de iguana son un platillo ancestral de Juchitán, en el sureño estado mexicano de Oaxaca, y muy típico del menú de Semana Santa, durante la que se consumen al día unos 500 ejemplares, explicó un ambientalista a Efe. En esta época del año, estos animales están desovando, por eso es un buen momento para la preparación de los tradicionales tamales, que se elaboran con masa de maíz, salsa o mole elaborado con semilla de calabaza, carne y huevos de iguana. EFE/Luis Villalobos

La preparación de los tamales, con una receta tradicional que se transmite de madres a hijas, puede llevar hasta 12 horas.

Los tamales de iguana son un platillo ancestral de Juchitán, en el sureño estado mexicano de Oaxaca, y muy típico del menú de Semana Santa, durante la que se consumen al día unos 500 ejemplares, explicó un ambientalista a Efe.

En esta época del año, estos animales están desovando, por eso es un buen momento para la preparación de los tradicionales tamales, que se elaboran con masa de maíz, salsa o mole elaborado con semilla de calabaza, carne y huevos de iguana.

“Se consumen aproximadamente unas 500 iguanas diarias en el mercado durante esta Semana Santa”, explicó Juan Celis, encargado del iguanario del Foro Ecológico Juchiteco, una organización que trabaja para preservar la especie.

La iguana está catalogada en México como una especie en peligro de extinción y, por eso, desde esta organización se hace un llamamiento para que los habitantes de Juchitán no consuman iguana durante su época de reproducción.

“No se puede prohibir su consumo pero hay que dar alternativas para preservar la especie”, señaló Celis, quien advirtió de que consumir iguanas durante su época de reproducción “no da garantía de preservación de la especie”.

Recordó que, a causa de la producción de tamales de iguana, en la región del Istmo de Tehuantepec, donde se ubica Juchitán, “ya no quedan iguanas para comercializar a gran escala” y la mayoría se exportan desde los estados de Chiapas y Veracruz.

El iguanario de Juchitán fue establecido en 2005 con el objetivo de reproducir, criar y liberar iguanas para evitar la extinción de esta especie.

Los habitantes del pueblo defienden su tradición y alaban el sabor de los tamales de iguana, que pueden probarse en el céntrico mercado del pueblo.

Comer los tamales de iguana, que se cuecen en hoja de plátano, es una ancestral tradición de la cuaresma en Juchitán, y en toda la región del Istmo de Tehuantepec, donde se le considera un manjar especial para Semana Santa.

El punto culminante del festín cuaresmal tiene su punto de partida en el Domingo de Ramos, cuando los habitantes de Juchitán visitan los panteones para limpiar las tumbas de sus ancestros y comer con ellos estos tamales de iguana.

La visita al cementerio es una especie de retribución por la visita que las ánimas de los muertos les hicieron el pasado 2 de diciembre, según relatan las tradiciones.

La preparación de los tamales, con una receta tradicional que se transmite de madres a hijas, puede llevar hasta 12 horas, la demanda se multiplica durante la Semana Santa y el precio por unidad puede promediar los 25 pesos.

La iguana es un animal presente en la cultura Zapoteca que predominó en esta región en la época prehispánica y sus figuras son de uso frecuente en la alfarería de la región, una de las más importantes de México.

“Es un animal muy rico y muy limpio. Es igual que comer un pollo pero es una iguana”, explicó un ciudadano a Efe tras sostener que este alimento es “primordial” y lo mejor del pueblo.

Además de los tamales, la iguana y los huevos de este reptil tienen una alta demanda para preparar otros platillos durante prácticamente todo el año.

Las poblaciones de iguana se han visto disminuidas de manera significativa desde los estados mexicanos de Sinaloa y Veracruz en México hasta Brasil y Paraguay, debido, principalmente a la caza sin control y a la destrucción paulatina de su hábitat.

En México hay alrededor de 20 especies, de las cuales 11 se encuentran en peligro, según la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM.

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