Carnicerías en el trópico húmedo

SINOPSIS: Detesto escribir sobre la violencia, pero es un deporte cotidiano en todo el país. Y en Tabasco no es la excepción. Quizá porque nuestra genética heredó esa mala sangre del Dios Huichilobos.

Por eso no me extraña que de tres meses a la fecha, se hayan dado varias carnicerías públicas. La de Gerardo Gaudiano, a quien finalmente se la interpelaron”; la de Juan Manuel Fócil, quien sí salió muy golpeado por no entregar el PRD en tiempo, y Pepe Toño de la Vega, recientemente, en Macuspana. Las tres madrizas fueron –francamente- horrendas.

Ahí se refleja nuestra malísima educación. Queremos un Tabasco educado pero a nuestra “clase política” no se le da la educación. A través de la historia, la sociedad tabasqueña entre los años 1525 y 1695, fue víctima propiciatoria de la absurda guerra de los españoles contra los Mayas. De 160 mil tabasqueños que había, los españoles quemaron y arrasaron con la selva y el cacao.

Trajeron con ellos –aparte de sus armas y ambición, un cómplice maléfico: la sífilis, la viruela, el sarampión, las pechugueras. De 160 mil tabasqueños que había, apenas se salvaron unos 500.

Retomando el tema, con todo y esas madrizas, Gerardo Gaudiano se declaró ayer lunes listo para disputar la candidatura del PRD porque quiere ser gobernador. La lapidación que le hicieron sus enemigos (que los tiene y en cantidades industriales),  finalmente, no lo tumbó. Cuando menos no se refleja en las encuestas. Gaudiano  ¡está potentísimo!…

COLOFÓN: José Antonio de la Vega fue a Macuspana a una presunta posada. Saliendo de ella se le antojó echarse un extracto de sedoso colombiano, a un costado del Ayuntamiento. Ahí le cayeron los compañeros. Lo jodieron tanto que mejor optó por levantarse. ¿Por qué lo acosaron así? Porque así somos aquí en Tabasco. Obviamente, saben que Pepe Toño tiene la mecha corta y fueron a provocarlo.

Quizá a De la Vega le faltó un poco de colmillo (ese que te da la experiencia) y quizá también perderle el amor a unos 500 pesos; decirle a sus interrogadores: “Brodies, tómense un café y lo que quieran, terminando el mío, los atiendo con todo gusto”. En política, en el amor y en los negocios, hay que saber comer de vez en cuando, ¡de la mierda más apestosa! Así son los gajes del oficio…

Deja un comentario

Tu correo no será publicado.


*