Atenco, al patíbulo.

¿Verdad o Reto?
Atenco es una de las deudas pendientes de Enrique Peña Nieto. Aquel fatídico mayo de 2006 se mantiene en nuestras memorias como la muestra de lo que los medios de comunicación son capaces de hacer cuando se trata de obtener dinero. A las televisoras no les importó que el gobierno del Estado de México violara los Derechos Humanos de personas que se oponían a la construcción del Nuevo Aeropuerto en sus tierras; tampoco les causó escozor que la fuerza policiaca superara en número a los manifestantes, ni los videos en que se muestra la violencia ejercida por la policía; poco importaron los gritos, los lamentos, el llanto, las personas que con machetes intentaban repelar armas de fuego, esos, los pobres, los jodidos, esos… eran el enemigo, los opositores de la justicia y el Estado de Derecho.
La mañana del 04 de mayo de 2006 inició con elementos de la Policía Federal y de la Agencia de Seguridad Estatal entrando a San Salvador Atenco. La violencia se hizo presente, los civiles intentaron huir; fue imposible, hombres y mujeres quedaron expuestos e indefensos ante el ataque brutal de un Estado que se impuso a la vieja usanza, a punta de balazos, golpes y muerte. Por si fuera poco, el número de mujeres que sufrieron abuso sexual durante el operativo, es incierto.
Se dice que Atenco revivió a Marcos, que fue una estrategia. Peña Nieto hizo caso omiso a los gritos que clamaban justicia y lloraban a sus muertos. Pese a las recomendaciones emitidas por la CNDH… nada pasó, el Gobierno ha sido incapaz de reconstruir el tejido social, incapaz de restaurar la paz.
Afortunadamente, un grupo de mujeres decidió que no podía guardar silencio, que la violencia no podía pasar desapercibida, que el olvido no era una respuesta válida. Y tras agotar las instancias del Estado mexicano, en septiembre de 2016 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) presentó ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) el caso 12.846, Mariana Selvas Gómez y otras, respecto de México.
El caso se relaciona con las violaciones a los derechos humanos de que fueron víctimas Mariana Selvas Gómez, Georgina Edith Rosales Gutiérrez, María Patricia Romero Hernández, Norma Aidé Jiménez Osorio, Claudia Hernández Martínez, Bárbara Italia Méndez Moreno, Ana María Velasco Rodríguez, Yolanda Muñoz Diosdada, Cristina Sánchez Hernández, Patricia Torres Linares y Suhelen Gabriela Cuevas Jaramillo, “en el marco de las detenciones y traslados realizados en operativos policíacos que tuvieron lugar en los municipios de Texcoco y San Salvador Atenco los días 3 y 4 de mayo de 2006, respectivamente, en el marco de conflictos y protestas de floricultores y otros grupos. De acuerdo con la Comisión, estas once mujeres fueron detenidas ilegal y arbitrariamente y no fueron informadas de las razones de su detención, ni sobre los cargos respectivos. Además, se alega que las once mujeres sufrieron graves actos de violencia física y psicológica, incluyendo diversas formas de violencia sexual, entre ellas la violación sexual, y que estos actos fueron cometidos por agentes estatales” (Corte IDH, 2016)

La llegada del caso ante la Corte IDH, representa un triunfo para las víctimas y al mismo tiempo se convierte en un parteaguas que podría tener repercusiones en la legislación nacional, como sucedió con el caso Radilla Pacheco.
Habrá que estar muy atentos a la resolución de la Corte y a las acciones que el Gobierno mexicano emprenda para dar cumplimiento a la sentencia. Atenco no puede quedar impune, actos como este no pueden solaparse en un Estado que se hace llamar democrático. Para nuestra mala suerte, quizá, Enrique Peña Nieto no tenga que disculparse por los actos cometidos durante su mandato en el Estado de México; y tendrá que ser el Estado mexicano quien responda por las acciones de hombres que “solo obedecían órdenes” y que abusaron sexualmente de mujeres indefensas a las que se les negó atención médica adecuada.
Bárbara Italia Méndez Moreno, declaró durante su comparecencia ante la Corte, “Me llevaron hasta el fondo del autobús y ahí comenzó lo que para mí… fue el infierno […] y alguien gritó -vengan a calar a esta puta- mientras introducían sus dedos dentro de mi vagina” […] “al llegar al penal pedí que  me atendieran porque tenía la vulva muy lastimada […] me dijeron que no […]tenía una lesión en la cabeza y me suturaron sin anestesia […]”
¿Y qué piden las víctimas? Justicia.
“Yo solicito a esta Corte que se exija al estado mexicano una investigación, que se juzgue y sancione a los autores intelectuales y materiales de lo que pasó en mayo de 2006, que se investigue a las autoridades federales y estatales.
¿Quién fue quien determinó el objetivo de dicho operativo?
¿Por qué nos trataron como enemigos?
¿Por qué tomaron la vida de personas durante los operativos?
¿Por qué me detuvieron arbitrariamente?
¿Por qué me torturaron sexualmente?
Pedimos crear el Centro de Documentación y Acompañamiento a Mujeres Sobrevivientes de Tortura Sexual.” Barbara Italia Méndez Moreno
Claudia Hernández, dijo “2006 queda como una marca que el Estado quiso dejar, de violencia y terror”, lo logró, Atenco es hoy sinónimo de terror, injusticia e impunidad. A once años de aquellos terribles actos, la herida sigue sangrando. Tal vez la Corte IDH consiga que el Estado Mexicano haga “algo” para resarcir el daño que un gobernante y su idea de “estado de derecho”, ocasionaron, tal vez, obligue al Estado a reconocer que ha fallado. Aunque desde Los Pinos, Atenco luce distante.