Caja de la muerte

JAQUE MATE / Sergio Sarmiento

“Necesitamos encontrar formas de hacer que la migración no sea forzada”.

Gael García Bernal

Es “una tragedia que rompe el corazón”, dijo el gobernador de Texas, Greg Abbott. Diez inmigrantes ilegales murieron por deshidratación en un remolque de carga en el estacionamiento de un Walmart de San Antonio, Texas. Había decenas de personas más en distintos grados de deshidratación. Los videos del estacionamiento muestran que los inmigrantes eran sacados poco a poco; pero con una temperatura de más de 37 grados, y la acumulación de calor en un tráiler sin aire acondicionado, el vehículo se convirtió en una verdadera caja de la muerte.

Uno de los ocupantes del remolque pudo salir para pedir un poco de agua. Por eso el gerente de la tienda se percató de que había personas en el interior. La policía fue advertida y llegó al lugar para encontrar en la parte de atrás a varias personas muertas. Dentro había decenas más en distintos grados de deshidratación.

Los riesgos actuales de la migración ilegal son muy conocidos, pero eso no frena el flujo de mexicanos y ciudadanos de otros países que buscan cruzar la frontera. El riesgo de perder la vida no es suficiente para disuadirlos. La posibilidad de alcanzar un nivel de vida más digno rebasa cualquier otra consideración.

He escuchado a lo largo de años declaraciones de políticos mexicanos que culpan a Estados Unidos por las tragedias que se repiten en los cruces. La responsabilidad, sin embargo, recae en los gobiernos mexicanos que durante mucho tiempo han sido incapaces de generar en nuestro país las condiciones económicas que nuestros compatriotas buscan al cruzar la frontera.

La diferencia en situación económica de México y Estados Unidos es enorme y se nota al cruzar la frontera. Esta diferencia no es natural, sino producto de las políticas económicas que cada país ha aplicado a lo largo de dos siglos.

En 1820 Estados Unidos tenía un producto interno bruto per cápita de 1,257 dólares mientras que el de México era de 759 dólares (Angus Maddison, Historical Statistics; OCDE, 2006). En otras palabras, el estadounidense promedio era 65 por ciento más rico que el mexicano. En 1900 el estadounidense tenía un PIB per cápita de 4,091 dólares y el mexicano de 1,366. La diferencia había crecido en 80 años a 199 por ciento. En 2016 Estados Unidos registraba un PIB per cápita de 57,436 dólares contra 8,555 de México (FMI). La brecha en el producto por persona de los dos países se ha elevado ya a 571 por ciento.

Esta comparación señala que, aunque México ha crecido algo desde que obtuvo su independencia en 1821, la expansión económica por persona en la Unión Americana ha sido significativamente mayor. Por eso la brecha entre los dos países se ha multiplicado casi 10 veces.

Mucho nos dicen nuestros políticos que los mexicanos no quieren un sistema de libre empresa como el de Estados Unidos. Argumentan que políticas como el reparto ejidal, que ha colocado más de la mitad de la tierra de nuestro país en propiedades colectivas donde se acumula la pobreza extrema, es lo que realmente desean los mexicanos.

Sin embargo, millones de nuestros compatriotas han votado con los pies durante generaciones para ir a buscar empleo en un país cuyas políticas económicas supuestamente rechazan. Hoy lo hacen en circunstancias terribles, arriesgando la vida a cada paso.

No tiene sentido culpar a Estados Unidos por la migración. Es producto de dos siglos de políticas fallidas del gobierno mexicano. Los mexicanos quieren un sistema económico que genere inversión, empleos y prosperidad. Si no lo tienen aquí, están dispuestos a arriesgar la vida para buscarlo en otro país.

· SIN PATRIMONIO

De las 10 mayores empresas del país, según Expansión, ocho son privadas y dos gubernamentales. La mayor es Pemex, la única con pérdidas y patrimonio negativo.

@SergioSarmiento