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Se lanzó y llegó a la NASA

Jennifer McNamara
Cd. de México (22 mayo 2017).- Cuando era niño, Juan Carlos López pensaba que la posibilidad de trabajar en la NASA era más lejana que Plutón.

El joven creció en Delicias, Chihuahua, pero estudió la preparatoria y la universidad en Estados Unidos. Mientras cursaba la carrera en ingeniería mecánica en la Universidad de Texas, en El Paso, una profesora lo alentó a ser practicante en la NASA.

“Tenía apenas un par de años viviendo en Estados Unidos y la verdad estaba batallando mucho con el inglés”, cuenta López, hoy de 27 años, en entrevista telefónica desde el Centro Espacial Johnson, en Houston.

“Recuerdo haberle dicho a la maestra: ‘Oiga, para empezar, no soy tan inteligente (…) y luego no hablo muy bien inglés: ¡Qué voy andar haciendo yo en la NASA!'”.

Para él, lo más complicado de llegar hasta donde está fue superar sus miedos.

Finalmente hizo los exámenes y fue aceptado. Desde hace 4 años trabaja como ingeniero en el Departamento de Cargas Estructurales y Dinámica del Centro.

Ahí hace cálculos que impiden que las vibraciones causadas por la temperatura y la presión durante los despegues, sobre todo, dañen física y estructuralmente las aeronaves, como Orión, la cual será enviada por la NASA a Marte.

El joven pertenece a la segunda minoría más grande de la NASA después de los afroamericanos, pues el 6.9 por ciento de trabajadores en la agencia son latinos.

Según datos de FedScope -oficina que proporciona información estadística sobre la fuerza laboral en Estados Unidos-, mil personas latinas laboran en la NASA.

La discriminación nunca ha sido una dificultad en el ámbito, dice López.

“El ambiente siempre ha sido muy respetuoso. Creo que la gente aquí es muy amigable, muy abierta, muy apasionada en lo que hace”, describe.

“A todos nos une esta misión de poder enviar gente al espacio y explorar lo desconocido”.

La NASA realiza actividades en torno a sus minorías. En octubre del año pasado, mes de la herencia hispana en Estados Unidos, por ejemplo, la oficina central de la NASA en Washington llevó a cabo una serie de conferencias con oradores latinos que relataron sus experiencias a estudiantes de diferentes ascendencias.

Aunque la crisis laboral es un fantasma que recorre la NASA, pues el número total de empleados ha caído en las últimas dos décadas -en 2001 había 18 mil, hoy, la NASA tiene mil 300 trabajadores menos- la población latina prevalece.

Así, el 3 por ciento de esta minoría está en puestos directivos ejecutivos y otro 3 por ciento en puestos directivos del ramo científico.

A pesar de los aires de cambio para la ciencia en los Estados Unidos, que incluyen recortes en varios rubros, López no está preocupado por la nueva Administración presidencial.

“En el punto de vista personal, no hemos sentido el impacto del cambio de Presidencia. Pero igual una vez que se asigne al nuevo administrador de la NASA y se dicte la nueva política espacial, puede haber algunos cambios”, acepta.

Ser parte de la agencia es un reto complejo para los mexicanos, pues hay que dar un paso mayor: a los empleados de la NASA se les considera funcionarios gubernamentales y deben ser ciudadanos estadounidenses.

Sin embargo, existen programas de pasantías internacionales, a los cuales México tiene acceso.

Los mexicanos que arriban a la NASA están conscientes de la herencia que llevan detrás.

Tal es el caso de Pedro Curiel, quien trabaja en el departamento de Robótica del Centro Espacial Johnson y también forma parte del grupo hispano.

“No hablo de orgullo, porque eso es pensar que eres mejor que otro”, expresa. “Cada quién tiene su herencia y la herencia es buena para compartir”, dice Curiel, quien piensa que su cultura lo enriquece a él y a sus conocidos.

Por su parte, López tiene la misión de seguir promoviendo proyectos que establezcan canales entre la NASA y México.

“Durante los últimos tres años hemos apoyado la semana nacional de ciencia y tecnología que coordina Conacyt”, señala.

Esta relación llevó a López al Congreso Astronáutico Internacional que tuvo lugar en Guadalajara, el año pasado, donde conoció estudiantes de la UNAM que han convivido con él en el Centro Espacial Johnson.

“Lo que he tratado de impulsar a través de las iniciativas que hemos hecho es crear oportunidades para que los mexicanos puedan colaborar con la NASA desde México, que no se tengan que ir del País para poder estar envueltos en proyectos”.

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