Nacional

Vacaciones de terror en Guerrero: ejecuciones, narviolencia e incendios

Paul Medrano

Si estás a punto de venir a Guerrero, toma en cuenta algunos detalles.

Guerrero es un desgarriate, aunque los gobiernos estatal y de algunos municipios se empeñen en decir lo contrario. Parece que las cifras hablan un lenguaje distinto al de los políticos. Apenas van cuatro días del periodo vacacional de Semana Santa y ya van 51 ejecutados (entre estos, el de un ex diputado, un suplente de legislador y un menor de 13 años), hasta el día en que se publicó esta nota, pese a rimbombantes operativos.

Lo anterior, sumado a una preocupante cifra de incendios forestales (118, sólo en 2017), a descargas de aguas negras en playas públicas, apagones de energía eléctrica y un notorio descontrol en las políticas públicas, aseguran al visitante unas vacaciones de terror.

 

Si estás a punto de venir a Guerrero, toma en cuenta algunos detalles:

Narcoviolencia

En Guerrero hay una guerra. Quien te diga lo contrario, o padece discapacidad visual o no vive aquí. Según un recuento de la prensa estatal, ya son aproximadamente 600 ejecutados durante 2017. Unos seis asesinatos diarios, en promedio. Un reporte del diario Reforma indica que unos 15 grupos del crimen organizado se disputan a la entidad. Desde 2013, Guerrero es el estado más violento del país, según el Instituto para la Economía y la Paz. Su joya, Acapulco, es la segunda ciudad más violenta del mundo, informó a principios de abril, el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal. Por ello, la naviera Holland America sacó de su itinerario a Guerrero, ante el clima de inseguridad.

Y es que en tierras guerrerenses el índice de impunidad es de 99 por ciento, por encima de estados como Chihuahua, con 94 por ciento. Esto no es fortuito, apenas el 27 de marzo, el fiscal guerrerense Xavier Olea, reconoció en entrevista con El País, que carecía de la capacidad para enfrentar al crimen organizado.

Esta situación ha propiciado las opciones más temerarias: en marzo, el obispo de Chilpancingo, Salvador Rangel, anunció que, debido a los índices de inseguridad, había entablado un diálogo con varios grupos del crimen organizado y se ofreció como intermediario entre ellos y el gobierno.

A pregunta expresa sobre esta iniciativa, abundó: “Me vi en la necesidad de hablar con estas personas, ya que algunos sacerdotes estaban siendo amenazados por el crimen organizado, tuve que buscar y desplazarme donde se encontraban y me atendieron muy bien, tenemos que abrir el diálogo”.

Además, aseguró: “Por debajo de la mesa ya hay arreglos. El gobierno y las bandas delincuenciales ya se entienden, sólo que públicamente no lo quieren decir. La violencia sigue porque no la quieren aplacar, porque esto del narcotráfico es un gran negocio a nivel nacional”.

A los tres días, el propio Rangel anunció que ya no hablaría más del tema, presionado por el gobierno estatal. Incluso, desde la fiscalía estatal se dejó la estrategia que usó el gobierno para callarlo: ante sus declaraciones, podría ser llamado a declarar ante la PGR.

Héctor Astudillo y su séquito de funcionarios se han empeñado en ofrecer números bonitos: que hay más empleo, que la violencia va a la baja, que hay gobernanza (esta palabra les encanta a los priístas). Mas en las calles, en los pueblos y en las colonias, pese a la constante presencia del Ejército y policías, la gente tiene miedo. No es para menos.

Servicios

Sólo habían transcurrido algunas horas del periodo vacacional y se reportó un apagón de 12 horas en la zona turística de Acapulco, dejó sin energía a tres hoteles de la zona Dorada, es decir, a donde llega más gente. Esto no habría sido problema si viviéramos en el Altiplano, pero con los 30 grados centígrados y una humedad del 60 por ciento, los visitantes se sienten al borde del derretimiento. Para colmo, el corte de energía dejó inservibles los aparatos de refrigeración. O sea, que no había cerveza fría. Y esto sí es en verdad, preocupante.

Por si fuera poco, desde los primeros días de abril, medios de comunicación acapulqueños reportaron varios derrames de aguas negras a las playas de Acapulco. El primero fue en playa Icacos, una de las que se supone, es de las más limpias. Ante la viralización de esta noticia, el vertimiento fue tapado con arena. Enseguida se reportó otro derrame, este fue en playa Papagayo, muy cerca del asta bandera, una de las zonas más concurridas. Se calcula que en las playas de Acapulco desembocan de 12 a 16 canales pluviales, en su mayoría con aguas negras. A pesar de lo anterior, el alcalde porteño Evodio Velázquez Aguirre, aseguró que las aguas de la bahía eran aptas para el caldo de chilango. Allá ustedes.

Incendios forestales

De enero a la fecha han ocurrido 118 incendios forestales. Sí, 118. Esto ha dañado unas 9 mil 797 hectáreas. Para explicar con manzanitas: los incendios de este año triplican a los reportados en 2016, en el mismo periodo de tiempo. Y apenas vamos en abril, falta lo mero bueno de la sequía. En Zihuatanejo, por ejemplo, el incendio lleva 5 días sin que pueda ser controlado. En la capital, el escenario es mucho peor. Por lo anterior, toma en cuenta que podrás ver algunos paisajes como recién arrasados por una bomba: ceniza, parajes renegridos y tierras arrasadas. Esto viene a colación, para que tomes las precauciones pertinentes para no aumentar este problema que tiene pintado de gris los cielos guerrerenses (amigo chilango, esto no es una estrategia para hacerte sentir como en casa).

Atención ciudadana

Si lo tuyo es la denuncia mediante redes sociales, lamentamos decirte que en Guerrero el Internet aún se usa para lo mismo que en 2005. Aunque el gobernador y sus secretarios cuentan con perfiles en Facebook y Twitter, solamente los usan para enviar saludos, soltar efemérides y anunciar programas que nadie sabe para qué sirven. Nunca responderán a una petición. Para cualquier trámite o denuncia, deberás hacerlo con los engorrosos viacrucis burocráticos que tanto odiamos. Pero no te alteres, debes comprender que acá los funcionarios públicos viven en la edad media de la era digital y algunos, ni eso.

En Guerrero, el delincuente más buscado, Raybel Jacobo de Almonte, no ha sido detenido, pese a que el gobierno estatal se comprometió a hacerlo y pese a un intenso operativo en Tierra Caliente. Su compadre, el diputado local priísta, Saúl Beltrán, no ha sido desaforado, a pesar de ha sido señalado de vínculos con el crimen organizado. Acá, muchos funcionarios públicos ven la atención ciudadana solo como un membrete, por eso vemos declaraciones tan desatinadas como la del secretario de la Juventud, Humberto Díaz Villanueva, quien sin ningún sustento, dijo que los asesinatos de seis menores de edad, ocurridos en este año, es porque estaban inmersos en la delincuencia organizada, cuando está documentado que casi todos ellos estudiaban o fueron asesinados junto con familiares. Una declaración desafortunada, pero típica de políticos inexpertos e irresponsables, de los que los hay por manojo tanto en el gobierno estatal, como en los municipios turísticos. Aguas, señores visitantes.

@balapodrida

VICE México