El grave problema de los mexicanos es que hemos crecido como sociedad bajo un régimen paternalista y co-dependiente de otros, como por ejemplo del país vecino. Éstos estigmas nos han llevado a siempre esperar que nos resuelvan todo, llámese el gobierno de EUA o cualquier externo, menos nosotros como sociedad mexicana.

Expondré un caso concreto para explicar mi punto: Singapur es una nación que hace tan solo 60 años estaba en la completa ruina económica y en una aguda co-dependencia hacia Malasia y Gran Bretaña; sin embargo a diferencia de los gobiernos mexicanos -y tomando en cuenta que Singapur es mucho más pequeño territorialmente hablando, así como con menos recursos naturales que México-, crean una sinergia ciudadana basada en el impulso de la educación en su población, mano dura a la corrupción y un sentimiento pragmático de Gobierno.

Indagando un poco en su historia, cabe señalar que durante la Segunda Guerra Mundial el Imperio Japonés conquista Singapur y lo ocupa desde 1942 hasta 1945. Al finalizar la guerra, Singapur vuelve a formar parte de la colonia británica; pero ésta vez se le conceden altos niveles de autogobierno. Singapur se une a la Federación de Malasia formando Malasia en 1963; sin embargo pronto se evidenciaron las diferencias por lo que Singapur es expulsada de Malasia y se convierte en una república independiente el 9 de agosto de 1965.

¡Así es! Hace tan sólo casi 52 años que se independizó esta nación, siendo que México desde 1810 se “independizó” y seguimos siendo tercer mundo.

Para poder hacer frente al desempleo y a una grave crisis inmobiliaria, Singapur inicia un programa de modernización que se centró sobre todo en la creación de manufacturas, el desarrollo de grandes urbanizaciones y altas inversiones en educación pública. Desde que es independiente, la economía de Singapur ha crecido de media un 9% anual. En la década de los 90’s el estado se convirtió en una de las naciones más prósperas del mundo, nótese que tan sólo 25 años después de su Independencia con una fuerte economía de mercado libre, una gran exportación internacional, y uno de los PIB per cápita más elevados de Asia.

Así de impresionante es la historia de este país que ha comprendido el significado de la palabra nación. Es decir, unidos como pueblo junto con un liderazgo aferrado a los intereses en común se logra llegar a la cúspide en términos de bienestar se refiere.

El problema en México es que la cúpula que desde la “independencia” ha gobernado no aman a su pueblo ni buscan un objetivo en común más que el de llenar sus bolsillos a merced de la ley y del erario. Eso es algo que sabemos muy bien como sociedad; pero en ese mismo tenor nos hemos conformado con comer hoy, recibir hoy, saciar una necesidad solamente hoy; sin pensar en el mañana. Y con esto me refiero a la hora de elegir a quienes nos van a representar.

No tenemos calidad moral como nación de reclamar a quien nos dio dinero, machete o cualquier insumo a cambio de nuestra decisión; ¿Cómo vamos a confiar en alguien que busca comprar nuestra conciencia y esperar que esa persona vele por nuestro bien? Es sumamente ilógico; sin embargo, el arma eficaz de muchos políticos es precisamente la combinación de ignorancia y necesidad. El día que los líderes de este país amen realmente a su nación y haya un proyecto de nación en el cual no exista co-dependencia de terceros, entonces en algunas décadas no sólo podríamos estar a la altura de Singapur, sino de cualquier nación primermundista, puesto que tenemos los recursos naturales, físicos e intelectuales para lograrlo.

Bajo la anterior premisa, ¿Quiénes somos nosotros para criticar las decisiones que toma Donald Trump? ¿Así de mal estamos que nos encontramos tan sometidos a las decisiones de un tercero?

En lo personal, me parece bien lo que hace Trump, ya que él es presidente de Estados Unidos De Norteamérica. No es presidente ni de México ni de Latinoamérica.

Trump hace lo que él considera en calidad de mandatario, bueno para los intereses de su país. Aunque por sentido humano no me parecen algunas decisiones que ha tomado sobre todo en el contexto racista; sin embargo no nos incumbe puesto que lo que realmente prioritario es ,lo que pasa en México; nos importa la posición que tome nuestro presidente, qué decisiones como pueblo vamos a tomar para abatir las medidas que puedan afectarnos colateralmente, y en ese sentido me refiero a que como mexicanos, para empezar somos malinchistas, no acostumbramos a consumir productos hechos por manos mexicanas; preferimos lo hecho en cualquier lugar menos aquí. ¿Qué calidad moral tenemos para criticar a un hombre toma medidas en beneficio de su país? Siendo que podríamos responder a ésas reprimendas económicas volcándonos al

consumo de productos nacionales. Con tan sólo esa reacción no sólo incentivaríamos la economía local; sino que diezmaríamos los ingresos de las empresas gabachas.

Tan sólo esa medida está en la mano de nosotros como conjunto nacional, ¿Y qué pasa? No lo hacemos; seguimos haciendo crecer a las marcas extranjeras. Así que en vez de quejarnos, empecemos a solucionar a nivel local los problemas mediante actitudes pro nacionales. En lo que a mí respecta, me da vergüenza que nos afecte tanto las medidas que tome Trump; porque eso me hace ver que la “independencia” es una mera fantasía y a la práctica sólo hemos cambiado de conquistador. Me parece bien que Trump siga trabajando en pro de los intereses de su pueblo (esto según sus parámetros y perspectivas lo cual puede discutirse), al fin y al cabo a él no le importa beneficiar a otros y no tiene por qué hacerlo, si México no estuviera tan mal, no habría inmigrantes y por lo tanto el muro nos daría igual.

Debemos indignarnos con nuestros líderes. ¿Qué van a hacer para incentivar la economía en una nación tan rica como México? El coraje debe ser encausado a nuestro cuerpo gubernamental y no hacia un hombre que cumple a cabalidad y en sus términos y parámetros con la misión que se le designo como líder de la nación americana.

¿Quieres un cambio como mexicano? Cuando vayas al súper, compra marcas nacionales, cualquier compra en cualquier término que sea marca nacional. Cría a tus hijos para que sean responsables, que no hagan trampa, que sean respetuosos. Sólo así habrá un cambio. Por lo pronto ningún político hará el trabajo que nos compete como padres de familia.

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