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Conquista galaxias

Andrea Rodríguez
Cd. de México (08 marzo 2017).- Cuando Maritza Arlene Lara tenía 32 años consiguió una plaza en el Instituto de Astronomía de la UNAM, lo que la convirtió en la investigadora más joven en dicho centro. Luego, recibió la Beca para las Mujeres en la Ciencia 2016 que otorgan L’Oréal, UNESCO, Conacyt y la Academia Mexicana de Ciencias.

Sin embargo, lo anterior no sorprende a quienes la conocen, pues esta astrofísica, quien ahora tiene 34 años, hizo maestría y doctorado en España, dos estancias posdoctorales en Australia y ha participado en proyectos mundiales de cartografiado del Universo.

Su clave, asegura, ha sido dar todo de sí.

“No he perdido ni un mes entre maestría, doctorado ni ‘posdocs’. En México, la mayoría de los estudiantes se relaja de más y creo que les faltaría un poco de presión para que administren mejor su tiempo y salgan jóvenes; en Europa salen del doctorado con 22 años y aquí es normal que salgan de treinta y muchos”, cuenta.

Para ella, el ser mujer no ha sido un impedimento, pese a que reconoce que las plazas de investigación y los apoyos suelen dominarlos el género masculino y que la maternidad también pone freno a varios casos.

“El panorama es muy complicado porque la ciencia es un área en la que hay muchísimos más hombres que mujeres, muchos institutos están 90 por ciento hombres y 10 por ciento mujeres; y es muy fácil que las mujeres se lleguen a intimidar. En Astronomía somos afortunados porque habrá un 35 por ciento mujeres”.

“La Academia es muy agresiva, mucha gente quiere que sus ideas sean las correctas, tienes que aprender a defenderte y, si ven que eres una mujer joven, son más agresivos contigo”, señala.

Otra barrera que percibe es que suele predominar el apoyo a investigadores con una larga trayectoria, no a las jóvenes como ella.

“Estuve casi nueve años fuera de México y cuando regresé me encontré con un sistema muy jerarquizado, en el que se da preferencia a investigadores mayores y consolidados; y vale mucho que se nos apoye porque, si no, se podría truncar nuestra carrera”, dice.

Por lo anterior, la astrónoma confía en el valor de, desde sus proyectos de investigación, no dejar de apoyar a otros jóvenes y estudiantes.

“Mientras más gente, más ciencia se va a hacer y más rápido. Es muy importante”, explica.
Su historia

Cuando fue por primera vez al Observatorio de San Pedro Mártir para su tesis de licenciatura, sintió mariposas en el estómago al ver una galaxia. Luego, se quedó con la boca abierta cuando vio las Nubes de Magallanes desde el Hemisferio Sur.

“Desde pequeñita me preguntaba todo: por qué el cielo es azul, por qué el arcoíris sale con los colores en el mismo orden, por qué el camaleón cambia de color. Tenía muchas preguntas de todas las áreas, así que sabía que quería ser científica, pero no sabía en qué área”, narra.

“Me gustaba leer bastante (mi mamá coleccionaba enciclopedias) y descubrí que las preguntas más interesantes las tiene la Astronomía. El universo tiene las preguntas más intrigantes y que no se han podido responder”.

Lara fue distinguida por sus estudios con espectroscopía óptica para identificar los principales mecanismos responsables de la evolución de las galaxias. Su proyecto actual busca emplear un telescopio en Texas para medir metalicidad, abundancia de oxígeno, formación estelar y más.

Además, entre sus hobbies está la astrofotografía, de hecho, ya participó en una expo en Australia y uno de sus sueños es publicar un libro con su trabajo.

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