Más allá de la política

Un arma silenciosa en manos de casi toda la humanidad

La producción, el uso y desecho de teléfonos inteligentes está colapsando el medio ambiente.

Desde el lanzamiento del primer iPhone en 2007, el consumo de teléfonos inteligentes (smartphones) se disparó 1,100% por año, lo que en la última década representó siete mil 700 millones de celulares, e irreparables daños a la salud y al medio ambiente.

El informe De inteligente a sin sentido: El impacto global de diez años de teléfonos inteligentes, publicado este domingo por Greenpeace México, reveló que cada uno de estos aparatos están construidos por más de 60 elementos químicos entre los que destacan el aluminio, el cobalto y el oro, además de plástico —que se deriva del petróleo crudo—, circuitos integrados hechos a base de obleas de silicio —cuya fabricación requiere una gran cantidad de agua y energía—, y plásticos reciclados posconsumo, que tan solo unos cuantos tienen.

Pero alguien tuvo que reunir este material y trabajar en su producción. Los mineros de cobalto en la República Democrática del Congo están expuestos a condiciones potencialmente mortales, los trabajadores de electrónica ponen en riesgo su salud con el manejo de sustancias químicas peligrosas en países como México y China, sin olvidar que la mayor producción proviene de países en el este de Asia, que depende del carbón, denuncia Greenpeace.

Si pensabas que eso no es suficiente, la cadena de consecuencias se sigue extendiendo.

En más cálculos, la organización ecologista estima que solo en Estados Unidos el tiempo promedio de uso de los teléfonos inteligentes es poco más de dos años 26 meses. O sea que si llegaras a vivir hasta los 80 años, habrías usado en promedio 29 celulares (si tuviste el primero a los 18 años).

Con todos estos datos, los números se siguen multiplicando hasta generar 42 millones de toneladas métricas de desechos electrónicos —tan solo en 2014—, y de los cuales menos del 16% de los residuos se recicló, pese a que podía hacerse. El resto terminó en vertederos e/o incinerados, contribuyendo al cambio climático que tiene efectos sobre la salud y las comunidades.

Si tan solo desde aquel 2007 se hubiese utilizado los aproximados 968 TWh (vatio-hora) que se usaron en la fabricación de teléfonos inteligentes, la India hubiera tenido energía por un año, eso solo por mencionar un ejemplo.

Ante lo expuesto, Greenpeace México propuso reducir el uso de plásticos y minerales, crear diseños más duraderos, reutilizar refacciones y exigir un plan para reutilizar los equipos del mercado de Samsung, empresa que retiró del mercado 4.3 millones de Galaxy Note 7 —los celulares que explotaban— sin un plan de reciclaje.

The Huffington Post