El Observador

La doble moral

Jesucristo, amén de nuestras creencias e ideas al respecto sin duda es un hombre que dejo una huella imborrable en la tierra aun después de que tiene más de dos milenios que murió, leyendo acerca de sus vivencias en la tierra rescato aquella ocasión en la que después de mucho tiempo volvió a su pueblo, y despotricaron contra el diciendo- No es este el hijo de José el carpintero? – Acaso no es este el humilde muchacho que creció entre nosotros?

El caso es que desdeñaron a Jesús puesto que regreso humildemente al pueblo que lo vio crecer. ¿Qué hubiera ocurrido si hubiese vuelto como un poderoso rey, o un magnate?, estoy convencido que la actitud y el recibimiento, así como la historia seria otra, sin embargo, no era el propósito de él ni mucho menos, de allí el dicho de que nadie es profeta en su propia tierra.

Este relato me recuerda mucho las actitudes que como humanos solemos tener, mezquinas y hasta masoquistas en ocasiones, puesto que a muchos gustan de admirar e idolatrar idiotas, trácalas sin vergüenzas y demás patrañas humanas que nos rodean, y es que en nuestro pueblo vaya que somos expertos en ello .Si analizamos detenida y honestamente quienes son los hombres que en las plazas, restaurantes o en cualquier sitio donde aparezcan son saludados admirados y por muchos adulados, la gran mayoría no digo todos, pero el 70% son personas que para llegar a donde están  y me refiero económicamente hablando, robaron dinero del pueblo o de algún u otro modo actuaron corruptamente para lograr fortuna y posición social.

Muchos de esos apellidos los conocemos como tabasqueños a la perfección y sabemos quiénes son y de donde vienen y que hicieron ya que pueblo chico infierno grande. Nos quejamos de los políticos de los empresarios que extraen las riquezas de nuestro estado para seguir llenando los bolsillos de los mismos de siempre y de alguno  que otro nuevo riquillo que sale por allí después de haber ostentado algún puesto público, sin embargo muchos coterráneos caen en la contradicción de aplaudirles en cuanto se paran frente a ellos, y contradicción porque en su momento o tras bambalinas, vaya que critican el origen de la fortuna o sus hechos no tan honorables ,respeto a quien respeto merece y según el diccionario : ladrón es una persona que roba o hurta ,dicho de otro modo alguien que toma algo que no le pertenece y según las leyes Mexicanas ,quien incurra en este hecho comete un delito por lo cual merece cárcel.

Pero estos ladrones de etiqueta seguirán sonriéndole a la vida ya que en general son impunes bajo el estigma del que paga manda, así como de las sabanas de corrupción que los cubren. Por otro lado , están los personajes que en las sombras y el silencio luchamos por nuestros ideales , por aportar algo positivo a este decadente sistema podrido de cosas que cada vez se hunde en las tinieblas de la futilidad, la mediocridad y la corrupción ,y al igual que en aquel episodio de la vida de Jesús , son vistos como simples mortales indignos de algún mérito o aplauso puesto que en la frente de las masas está el estereotipo de cuanto tienes cuanto vales ,pero quien busca un cambio real no espera ser aplaudido o adulado ,goza con la simpleza de hacer lo correcto. Y así vamos caminando por la vida señoras y señores, y la peor parte de todo este circo es que nuestros hijos aprenden este modus operandi de vida y más que de vida de visión del mundo que nos rodea. Por ello no nos quejemos de porque la delincuencia se convierte en parte de la vida de más y más jóvenes, porque la corrupción ya se ve desde la primaria envuelto en la bandera de él que no tranza no avanza, al pagarle al compañerito por hacernos la tarea, o pasarnos copia en el examen allí es donde “inocentemente” se origina la actitud corrupta que nos rodea.

Eugen Berthold Friedrich Brecht nació el 10 de febrero de 1898 en el seno de una familia burguesa de Augsburgo, ciudad de Baviera. Su padre, católico, era un acomodado gerente de una pequeña fábrica de papel, y su madre, protestante, era hija de un funcionario.
El joven Brecht era un rebelde que jugaba al ajedrez y tocaba el laúd. Se sentía atraído por lo distinto, lo extravagante, y se empeñaba en vivir al margen de las normas de su tiempo, de su recato y su sentido de disciplina.

Eugen Berthold Friedrich Brecht fue un dramaturgo y poeta alemán, uno de los más influyentes del siglo XX, creador del teatro épico, también llamado teatro dialéctico. En la escuela destacó por su precocidad intelectual y terminó el bachillerato especial (Notabitur), al verse involucrado en un escándalo. Inicialmente influido por la euforia de la guerra, Brecht la criticó con el ensayo sobre el poeta Horacio (65 a. C.–8 a. C.) «Dulce et decorum est pro patria mori» («Dulce y honorable es morir por la patria»), en el que se considera honorable morir por la patria y que Brecht considera como «propaganda dirigida» en la que sólo los «tontos» caen. Por ello fue castigado con la expulsión de la escuela. Sólo la intervención de su padre y el profesor de religión le evitaron el cumplimiento del castigo

Me despediré con esta semblanza de Berthold Brecht: No aceptes lo habitual como cosa natural, porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural, nada debe parecer imposible de cambiar.

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