Política

Presenta AI presunto caso de mexicana robada en el franquismo

Ciudad de México. Amnistía Internacional presentó ante la Procuraduría General de la República (PGR) el caso de la Ligia Ceballos Franco, ciudadana mexicana que descubrió que había sido entregada a su familia mexicana tras haber sido separada de sus padres biológicos en España, durante le época del franquismo. La organización tiene evidencias que podría tratarse de un caso de bebé robado.

Algunos de los casos de bebés robados -hasta 2012 se tenían 2 mil 83 denuncias por estos hechos, aunque se estima que el número podría llegar a unos 30 mil- podrían ser constitutivos de desaparición forzada, pero las investigaciones realizadas en España por estos casos no han fructificado, ni tampoco han contemplado su posibles encuadre como crímenes de derecho internacional, por lo que las víctimas se ven obligadas a buscar justicia en otros países.

En conferencia de prensa, los directores de Amnistía Internacional México y de España, Tania Reneaum y Esteban Beltrán, informaron que existen numerosos indicios que indican que Ligia Ceballos, registrada el 29 de mayo de 1968 como María Diana Ortiz Ramírez, en España, pudo haber sido sustraída de su familia biológica con el consentimiento de las autoridades españolas, a través de la intermediación de la Diputaciones de Madrid y con la asistencia del Arzobispado en Madrid, y donde también estaría involucrado el entonces arzobispo de Mérida, Yucatán, Manuel Ruiz Solórzano.

En la querella presentada, Amnistía Internacional solicitó a la PGR en México que inicie, sin dilación, una investigación exhaustiva sobre este caso para aclarar si se trata de un caso de desaparición forzada, ayude a Ligia Ceballos a buscar a su familia, restablecer su identidad biológica y el vínculo familiar.

Por su parte, Ligia Ceballos Franco cuyo abuelo materno fue gobernador de Yucatán, Agustín Franco Aguilar, entre 1958 y 1964-, informó que supo de estos hechos hace 15 años y que durante todo este tiempo ha buscado infructuosamente a padres biológicos.

La Jornada