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El espíritu de Maradona sobrevuela el Real Madrid-Nápoles

El equipo italiano exhibe a su ‘embajador’ ante el potencial del campeón y el peso del Bernabéu

El Napoles no ha dudado en apelar al gancho emocional de Diego Armando Maradona en su regreso al gran escaparate internacional. Temeroso de que el Bernabéu le sobrecoja más de la cuenta. La escuadra napolitana se ha recluido en Madrid junto a su embajador vitalicio, al que el presidente, Aurelio De Laurentis, ha querido a su lado en los fastos institucionales y en el perímetro más cercano con los jugadores. No importa que hace casi 30 años los únicos acordes que sintiera el genio argentino en Chamartín fueran los sonidos del silencio. En aquel partido a puerta cerrada, salvo para unos 500 privilegiados, a Maradona solo le estremeció Chendo, hoy delegado madridista. Eran los dieciseisavos de la Copa de Europa (2-0 en la ida, 1-1 en Italia) y el lateral blanco no solo arrestó al gran Diego, sino que hasta le tiró un caño. Síntoma de que en noches europeas todo es posible en el Bernabéu.

No es extraño que el Nápoles tema ser intimidado por la escena del feudo madridista. Los locales han avanzado siete años seguidos a cuartos y llevan once encuentros sin caer en Champions ante su público. Por más que se espere a más de 10.000 seguidores italianos, el Nápoles no es un equipo experto y desde los tiempos de Maradona no se veía en otra pasarela semejante. Lo intuye Zidane, sabedor de que sería conveniente que el Madrid atice la hoguera sin demora. Por algo el exmadridista Cassano ha recomendado a Insigne que ni en el calentamiento se le ocurra mirar a las gradas, que resultan infinitas para muchos novatos. Al factor psicológico también ha hecho referencia Fabio Capello: “Si el Nápoles es valiente y sale jugando desde atrás puede hacer que la gente silbe al Real Madrid”.

Al margen de la sobrecarga ambiental, el Nápoles tiene menos que temer en lo deportivo. No cuenta con los galones ni las nóminas del Madrid, pero es un buen equipo, un conjunto gregario, dinámico, poco especulador. Lleva 18 partidos sin perder y ha marcado en 12 de sus últimos 14 retos fuera de San Paolo, incluidos los disputados en la Liga de Campeones (ante el Dinamo de Kiev, Benfica y Besiktas). Transita en el calcio en tercera posición, a nueve puntos de la Juventus, que hace tiempo que gobierna en Italia de tal modo que ha conquistado los cinco últimos títulos. Pero el Nápoles, junto a la Roma, han sido los únicos teloneros capaces de ir a cierto rebufo del cuadro turinés. Maurizio Sarri, alistado desde el fútbol modesto, ha enhebrado un equipo distendido, de mirada al frente, muy rápido en ataque, sector en el que ha explotado el belga Mertens. A sus 29 años ha logrado borrar el rastro de Higuaín, y este falso ariete —apenas llega a los 170 centímetros— ya suma 20 goles en lo que va de curso, y se complementa de maravilla con Callejón, Insigne y Hamsik, el espinazo napolitano. Mayores son los problemas en la retaguardia, en la que anidan los españoles Reina y Albiol, gente muy curtida pero no siempre con el auxilio del resto de gregarios. “Son rápidos e intensos, con jugadores pequeñitos y muy buenos técnicamente que te pueden coger la espalda”, dijo ayer Zinedine Zidane, consciente de que será un rival que exigirá máxima concentración a los suyos.

Con toda la plantilla a su disposición, el técnico francés descartó a Coentrão, Asensio y Bale, que ya entrena con el grupo, pero sin rodaje tras más de dos meses de enfermería. El galo no quiso revelar el sistema, alterado varias veces en las últimas jornadas. El hecho de que pueda contar para la sala de máquinas con Casemiro, Kroos y Modric, que solo han podido juntarse en nueve partidos en lo que va de temporada, hace presuponer que solo alineará a cuatro zagueros, con Carvajal y Marcelo como lanzaderas por los costados. Isco es quien más papeletas tiene para enlazar al medio campo con Cristiano y Benzema. Argumentos suficientes para que el Madrid parta como favorito, por jugadores y por historia… Por mucho que el Nápoles recurra a Maradona con el doce. “Gracias a Dios que no juega”, deslizó Modric. De espíritu, sí. Al menos eso quiere el Nápoles.

El País