Opinion Nacional

Chapos, Dámasos y Trump

No es casual que del debate sobre el Tratado de Libre Comercio, pasando por el famoso muro, la agenda de Donald Trump con el país entró de súbito hacia el crimen organizado y la promoción de un Plan México.

Algo deben de saber las agencias militares y los servicios de inteligencia norteamericanos para que le propongan al presidente Donald Trump que le ofrezca a México su ayuda para combatir a los “bad hombres”.

Porque no es casual que del debate sobre el Tratado de Libre Comercio, pasando por el famoso muro, la agenda entró de súbito hacia el crimen organizado y la promoción de un Plan México.

Y al que quiera asomarse, que vea los últimos días a Sinaloa, en donde en solo 72 horas se dieron tres enfrentamientos serios entre cárteles, marinos y militares con un saldo de por lo menos 18 muertos y una docena de desaparecidos.

¿Qué es lo que está pasando para que vuelvan a darse esos sacudimientos? Que mientras Joaquín “El Chapo” Guzmán pisaba –libre o en prisión– el territorio mexicano había un acuerdo de tregua entre las distintas células de su poderoso cártel.

Por un lado, estaban sus dos hijos, Iván y Alfredo Guzmán, quienes por derecho de sangre se reclaman los herederos del Cártel de Sinaloa, considerado el más poderoso del planeta.

En la otra esquina está un hombre de todas las confianzas y compadre del “Chapo”, Dámaso López Nuñez, alias “El Lic”, y su hijo, del mismo nombre, ahijado de “El Chapo” y apodado “El Mini Lic”, quienes también se sienten herederos por méritos del huérfano cártel.

Y en medio de ambos, como amigable componedor, Ismael “El Mayo” Zambada, el otro compadre de Guzmán Loera, menos violento, más menos confrontador, más negociador.

El hecho es que tras la captura de “El Chapo” en Mazatlán, Dámaso hizo alianza con César Carrillo Fuentes, el hermano de Amado Carrillo Fuentes, alias “El Señor de Los Cielos”, quien es enemigo acérrimo de los Guzmán Loera.

Esa alianza provocó que los Chapos -Iván y Alfredo- se confrontaran en principio con los Dámasos, pero la intervención oprtuna de “El Mayo” acabó por tanquilizar las aguas.

Pero esa tregua solo se respetó mientras “El Chapo”, aún en prisión, estaba en territorio mexicano. Tan pronto fue deportado, las tensiones entre los bandos crecieron y hoy se da la disputa de sangre en el corazón de Sinaloa.

Con el agravante de que en medio de la confrontación entre los herederos de “El Chapo”, se da otro choque dentro de la gran reconfiguración de los cárteles mexicanos.

Y es aquí donde aparece el nuevo cártel del barrio, el de Jalisco Nueva Generación, que desde hace cuatro años busca arrebatar los mercados de los fragmentados golfos, zetas y ahora los de Sinaloa.

Sobre todo ahora que los estados clave de sus operaciones –Quintana Roo, Veracruz, Nuevo León, Chihuahua y Durango– ya dejaron de ser del PRI y están en manos de la “inexperta oposición”.

Quizás porque en los Estados Unidos ven con toda claridad la disputa que se viene por los territorios de la droga en México es que alguien le propuso a Trump poner sobre la mesa su oferta de ayuda al presidente Enrique Peña Nieto.

Las 18 ejecuciones del pasado fin de semana en Sinaloa solo vienen a confirmar que la guerra entre los Chapos y los Dámasos apenas empieza. Ya lo verán.

Por lo pronto, la pregunta obligada: ¿Quien será la autoridad mexicana que los ponga en su lugar para que la sangre no siga corriendo al río?