Opinion Nacional

Peña débil vs Trump a la carga

A partir de dos textos publicados en este portal en los que trazaba paralelos entre Trump y Hitler (Así llego la intolerancia a la presidencia y Trazando lineas entre Trump y otros impresentables), he recibido muchos comentarios en redes sociales que descalifican el comparativo por exagerado. Quisiera dejar en claro que no afirmo que ambos personajes compartan objetivos genocidas, Trump no es Hitler y Estados Unidos hoy no es Alemania en 1933.

Sin embargo, ambos personajes comparten varias cosas. Comparten una visión del mundo y del destino de sus países, comparten estrategia, comparten discurso, comparten la guerra como opción, entre muchas otras.
Los paralelismos crecen conforme avanza la incipiente administración. Hoy vemos a Trump generando temor y caos como estrategia. Toma decisiones como si el ataque a los Estados Unidos fuera inminente, la falsedad en sus declaraciones no apela a la razón sino al estómago. Él es el salvador, él encarna el deseo del pueblo, solo él lo entiende. Los que se oponen son el enemigo. Los medios de comunicación críticos ya fueron etiquetados de Fake News y Steve Bannon les ordenó callar.
Desde un inicio renunció, al igual que Hitler, a su salario. Ahora ha comenzado su ataque al interior de la administración pública. Ha pedido a agencias como la encargada de protección ambiental que no publique información ya que la única visión posible será la suya en un desprecio claro por el conocimiento sustentado en hechos. También, al igual que Hitler, ha iniciado una purga de voces críticas en el gobierno y poder judicial. Apelando a la legalidad y lejos de la legitimidad despidió a la fiscal general interina por oponerse a su política de prohibición de entrada al país a personas provenientes de 7 países de mayoría musulmana. Incluso se ha pedido a los oficiales del Departamento de Estado que renuncien si no están de acuerdo con Trump.
Por ahora gobierna a base de decretos, al igual que Hitler, y lo seguirá haciendo hasta tener control, si es que lo logra, del Congreso. Por ahora ya criticó y descalificó a dos congresistas demócratas y a dos republicanos. La estrategia es acabar con la reputación de la oposición para luego golpearla, domarla.
La firma del decreto que prohíbe la entrada al país se hizo el 27 de enero, día internacional del Holocausto. En una falta de tacto y respeto por la historia, impide la llegada de refugiados hoy al igual que lo hizo Estados Unidos en los 30 del siglo pasado. Para Trump la historia no ofrece lecciones.
Por ahora se centrará y posiblemente logrará crecimiento o sensación de mejora económica. Anunciará a los cuatros vientos sus logros o lo que él entiende por logro en materia de empleo y seguridad. Afianzará su base. Mientras tanto, mantendrá su intento de control mediante la ley y la propaganda para proseguir con el terror. Solo mediante la discriminación-segregación-violencia podrá gobernar. Un país en calma no es fértil para su discurso. Lo vimos desde que era candidato, solo es exitoso en entornos de conflicto, de profunda tensión, con los reflectores sobre él.
De nuestro lado, tenemos a un presidente débil. Solo atina a pedir una unidad hueca, unidad sin rumbo, sin estrategia. No es que no la tenga, Peña no la puede crear. ¿Cómo pedir unidad a sectores que pedirán algo a cambio? Acercarse a empresarios, organizaciones sociales, colectivos de derechos humanos y academia traería de inmediato una exigencia en materia de corrupción, impunidad, desigualdad, violencia y violaciones a derechos humanos. Todo ello ha sido evadido por la actual administración.
Peña solo puede hablar de la unidad del símbolo patrio pero no de los ciudadanos. Pide unidad pero no ofrece transparencia. Pide unidad pero en realidad quiere un cheque en blanco y que dejemos de exigir al interior. Pide unidad pero se cierran a escuchar voces preocupadas por las iniciativas de ley de seguridad o la de archivos, entre otras. Pide unidad pero se niega a atender la grave crisis de derechos humanos. Pide unidad pero premia a Virgilio Andrade. Pide unidad pero se niega a acabar con privilegios y escándalos como el de Odebrecht. Solo por mencionar algunos.
La relación con Estados Unidos es política interna para nosotros. Con Trump mucho más. Si lo que se pide es verdadera unidad las agendas tendrían que incluir las materias arriba enlistadas. Tampoco es el Congreso, de menos este Congreso, quien puede encabezar la agenda bilateral. Lejos estamos de discusiones y posturas como las que se han dado en Gran Bretaña o Alemania.
En Estados Unidos la sociedad es la que no debe permitir la normalización de las políticas y el discurso de Trump, los medios deben resistir y los poderes defender su autonomía y la democracia. El reto de Trump radica en cómo maneje la enorme cantidad de frentes abiertos que hasta ahora tiene y que seguro crecerán.
Aquí debemos buscar soluciones a nuestros problemas. Mantener una relación firme y de principios con los Estados Unidos y sobre todo acabar con la impunidad, la corrupción, la violencia, la desigualdad y de una vez por todas construir ciudadanía y democracia.

Caronte por Jacobo Dayán