Opinion Nacional

Trump, we have a problem

Sería insensato exponer el 31 de enero al presidente Enrique Peña Nieto a un primer encuentro –o desencuentro– con un desequilibrado Trump

Si vamos a tomar en cuenta el desempeño de los dos primeros días de Donald Trump al frente de la Presidencia de los Estados Unidos, el veredicto es contundente: Houston, we have a huge problem…!!!

Y es que lejos de asumir su cargo sembrando la confianza indispensable para una transición pacífica, el nuevo inquilino de la Casa Blanca se dedicó a agitar las aguas, sembrando la alarma global.

Su primer debate no fue un asunto interno, económico o de seguridad nacional, sino la confrontación abierta con los millones de manifestantes que hicieron de la Marcha de las Mujeres el mayor acto de protesta en una transición presidencial.

Lejos de preguntarse qué propició el que millones salieran en 70 marchas que se dieron en Estados Unidos y en el resto del mundo, Trump se dedicó a condenarlos y a descalificarlos.

El segundo forcejeo se dio con la prensa, a la que acusó de falsear información sobre la pobre asistencia durante su toma de posesión en el llamado National Mall de Washington.

Herido en su ego, porque la toma de posesión de Obama fue por mucho más concurrida, Trump pretendió decir que era una mala cobertura de medios, calificando a los periodistas como “los seres humanos más deshonestos que hay sobre la Tierra”.

En el primer día como mandatario, el empresario inmobiliario le declaró la guerra, sin distingos, a todos los medios y a todos los periodistas. Así de simplista, así de irresponsable, así de idiota.

La tercera burla del nuevo Presidente norteamericano fue la de acudir a los cuarteles de la CIA para declararle su amor a los jefes de la inteligencia norteamericana, cuando días antes los acusó de ser iguales o peores que  los servicios de inteligencia de la Alemania nazi.

Pensando ingenuamente que no existen grabaciones sobre lo que les había dicho, Trump pretendió endosar el “mal entendido” a la mala cobertura de los medios que todo lo distorsionan.

Y como cereza del pastel de sus primeros dos días, Trump firmó un acuerdo para cancelar toda participación de Estados Unidos en el TPP (Trans-Pacific Partnership), la iniciativa de integración comercial más importante a nivel global. Una pésima señal para lo que viene con el TLC.

Está claro que Trump ya siente que todo el territorio norteamericano le está escriturado en propiedad y que puede hacer y deshacer a su antojo, llevándose de encuentro a quien sea, especialmente a aquellos que no le rinden ni culto ni pleitesía a sus caprichos personales.

Que sirva este recuento de los primerísimos daños como antecedente para que los negociadores de avanzada al tema TLC –el canciller Luis Videgaray, el secretario Ildefonso Guajardo– midan bien los alcances de su oponente.

Evaluar su perfil psicológico y de uso y abuso del poder, para aceptar, sin miramientos, que están ante un hombre que bordea en el desequilibrio mental. Y como tal hay que aproximarlo.

Sería insensato exponer el 31 de enero al presidente Enrique Peña Nieto a un primer encuentro –o desencuentro– con un desequilibrado Trump.

No sería justo que el mandatario mexicano fuera el primero que sucumba ante quien, en solo dos días, ya definió que la intolerancia y la humillación serán los signos del tiempo que dure su gobierno.