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Enrique Peña Nieto busca puntos en común con Trump antes de la reunión bilateral

En su primer discurso desde el cambio de gobierno en Estados Unidos, el presidente Enrique Peña Nieto prometió sostener un diálogo robusto con su homólogo Donald Trump, el cual estará basado en intereses comunes y respeto mutuo.

Pero insistió en que la soberanía de México y la protección de sus ciudadanos serían los principios rectores para su gobierno.

Peña Nieto y Trump tienen planeado reunirse la próxima semana, y el discurso del primero trazó las líneas del programa que México espera llevar a cabo ante posturas del nuevo presidente estadounidense que muchos ven como hostiles.

Peña Nieto, por ejemplo, recalcó que cualquier replanteamiento de la relación bilateral o renegociación de acuerdos de décadas de antigüedad, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), debe darse dentro de una discusión más abarcadora. Las negociaciones, dijo, tienen que incluir más que temas de comercio.

“Llevaremos a la mesa todos los temas”, dijo. “El comercio sí, pero también la migración y los temas de seguridad; incluyendo la seguridad de la frontera, las amenazas terroristas y el tráfico ilegal de drogas, armas y efectivo”.

El discurso fue la explicación más abarcadora de las aspiraciones de la política exterior mexicana. El gobierno se mantuvo relativamente en silencio mientras Trump empezaba a surgir en las encuestas e, incluso después de su elección, adoptó una postura de no agresión pese a la ansiedad y los miedos palpables en el país. El lunes, aunque defendió la soberanía mexicana, Peña Nieto sostuvo que la respuesta no debía ser combativa.

“Ni confrontación ni sumisión. La solución es el diálogo y la negociación”, dijo.

Sin embargo, mantuvo un tono nacionalista en el discurso. Ese fue el elemento que quizá sí se empareja con la visión de Trump para Estados Unidos, pues el presidente mexicano aparentemente retomó el mensaje de “Estados Unidos primero”, pero para sus propios propósitos.

Peña Nieto tiene el peor índice de aprobación de cualquier presidente mexicano en décadas, pues a su gobierno lo rodean escándalos de corrupción y hay una escalada de violencia ante elalza en precios de gasolina. Según analistas, la amenaza que posa Trump podría ser una manera de reforzar al partido de Peña Nieto y de ofrecer a los mexicanos un mensaje de unidad que no ha habido en los últimos años.

“Somos una nación soberana y actuaremos como tal”, dijo Peña Nieto. “El ejercicio de la soberanía implica que en el proceso de negociación nuestro único interés es el de México y el de los mexicanos”. Dejó claro que esa promesa también es para los mexicanos en Estados Unidos.

Pero no abogó por un nacionalismo más extenso. Describió el futuro de México como uno considerablemente diferente al presentado por Trump para Estados Unidos en su discurso inaugural. Mientras el líder estadounidense promueve retirarse de pactos de libre comercio y su posición como un guardián del orden democrático liberal, Peña Nieto dice que México se reafirma “como una nación abierta al mundo, que participa en mercados globales con productos y servicios de alto valor”.

Trump ha cuestionado la rentabilidad del TLCAN al culparlo por la pérdida de trabajos en Estados Unidos en beneficio de México, pero Peña Nieto defendió el acuerdo. Argumentó que los vínculos entre Estados Unidos, México y Canadá deben profundizarse, en medio de llamados para descartar por completo el pacto. El comercio en telecomunicaciones, energía y electrónicos deben incorporarse en cualquier renegociación, dijo.

Peña Nieto y sus asesores llevan preparándose desde hace meses para lidiar con el tema del comercio. Aunque algunos han cuestionado los beneficios del TLCAN para México, donde los salarios se han estancado y la tasa de pobreza apenas ha cambiado, el gobierno ha defendido el acuerdo de manera consistente. Pero tiene una estrategia de negociación que permitiría algunos cambios y exigiría otros, vinculándolos a diálogos más abarcadores sobre seguridad y migración para que México tenga algo de palanca en el debate.

Por ejemplo, en los controles de México sobre su frontera sur, la primera línea de defensa contra migrantes encaminados a Estados Unidos y contra posibles amenazas terroristas.

México también se ha quejado por el flujo de armas y dinero provenientes de su vecino del norte. Alrededor de 70 por ciento de las armas de fuego confiscadas en México entre 2009 y 2014 —unas 73.000 armas– provenían de Estados Unidos, según un reporte publicado el año pasado por el Buró de Control de Bebidas Alcohólicas, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivo (ATF, por su sigla en inglés).

El discurso de Peña Nieto también fue destacable por lo que dijo sobre la relación en desarrollo entre México y Estados Unidos, por mucho tiempo vecinos recelosos pero que han superado animosidades pasadas con esfuerzos para cumplir una visión de un futuro compartido. Ese cambio se dio en parte con base en el comercio y de abrir las fronteras, además del interés mutuo en combatir el crimen transfronterizo de, entre otros, carteles de drogas. Está en vilo cómo se desenvolverán estos temas ahora.

De hecho, en respuesta a la construcción de un muro para presuntamente detener el flujo de personas y drogas hacia Estados Unidos —la principal promesa de campaña de Trump—, Peña Nieto renovó su promesa de mantener a México abierto al mundo.

“México no cree en los muros”, dijo en el discurso. “Nuestro país cree en los puentes”.

The New York Times