Opinion Nacional

Trump declara la guerra

¿La historia se repetirá? No lo sé, pero la ignorancia puede poner su grano de arena al momento de pesimismo nacional con el que amanece el 2017.

Mientras la clase política prepara otra borrachera de cánticos demagógicos por el centenario de la Constitución de 1917, el hervidero social, la ausencia de liderazgos, los desatinos gubernamentales y la fractura cívica hacen recordar más otra escena histórica: la desventura de 1847. ¿La olvidamos? Ocurrió exactamente hace 170 años. Gobernaba Estados Unidos James Polk, quien llegó a la Casa Blanca con la promesa de arrebatar Texas a México, y “reanexionar” ese territorio a la Unión Americana. No eran palabras de campaña arrojadas al viento, como las que estamos acostumbrados a escuchar. Polk lo prometió y lo cumplió, y con creces, porque ese asalto dio pie a ocupar Oregón, Nuevo México y la Alta California.
1847 fue de los peores años del país. Guerra con nuestros vecinos donde perdimos la mitad del territorio; y guerra entre nosotros, donde se esfumó el futuro de la nación. Ahora Trump declaró una guerra comercial a México. Sólo la candidez la negaría después de la amenaza a General Motors y la cancelación de Ford de su inversión en San Luis Potosí.
En 1847 la bandera mexicana quedó humillada en el suelo del Castillo de Chapultepec, mientras la de Estados Unidos ondeó victoriosa el 15 de septiembre, en el mismísimo Palacio Nacional mexicano. ¿Qué pasó?
“La desunión reinaba -dice Vicente Riva Palacio- entre los poderes encargados de imprimir dirección a nuestro país”, exactamente como hoy. Los gobernantes estaban entregados a sus “corrompidas facciones, incapaces de poner en reposo su ambición y sus rencillas”, exactamente como hoy. Manuel Payno narró en “Los bandidos de Río Frío” los pactos con los criminales para combatir la inseguridad, exactamente como hoy. Y el Presidente (en algún momento de 1847, Antonio López de Santa Anna) estaba bajo sospecha, exactamente como hoy; derrotado, ese año renunció y se alejó del poder para siempre, ¿exactamente como hoy?
Por si fuera poco, y toda proporción histórica guardada, en aquel año también se decretó un “gasolinazo”: primero la orden de Valentín Gómez Farías de confiscar, hasta por 15 millones de pesos, los bienes de la iglesia para pagar la guerra; y segundo, el gobernador del Distrito Federal, Juan José Baz, “famoso por su irreligiosidad, ocupó casas de misericordia, hospitales, cofradías y hospicios…y alentó un movimiento contra el gobierno”. (Josefina Zoraida). Más leña al fuego encendido por la irrupción norteamericana.
¿Qué hacer frente al “nuevo Polk norteamericano” y los nuevos “Santannas” mexicanos?, ¿pelear contra Trump?, ¿saltar envueltos en la bandera como Juan Escutia? ¿Derrotarnos frente al pesimismo? Lo imprescindible: no dejar a nuestros miedos dominar nuestra libertad.
En aquel fatídico año la sociedad norteamericana conoció, por primera vez, las noticias de la guerra contadas directamente por periodistas y periódicos libres, quienes provocaron allá un debate enorme sobre la agresión a México. Fue legendario el testimonio del reportero George Wilkins Kendall. Hoy, gracias a la libertad de expresión conquistada, conoceremos los excesos de Trump y la vergüenza de nuestros gobernantes. En 1847 se abría camino el telégrafo, en 2017 la era digital.
Frente a Trump, deberíamos empezar por detectar nuestros aliados al otro lado de la frontera. Los tenemos. En 1847, un escuadrón de milicianos irlandeses y católicos, el famoso Batallón de San Patricio, abandonó al ejército invasor y pelearon del lado mexicano, pagaron con la horca su osadía pero dieron una lección de dignidad. Abraham Lincoln criticó la ofensiva de Polk. La legislatura de Massachusetts declaró a esa guerra como “injusta” y “contra la humanidad”. El ex esclavo Frederick Douglass y William Lloyd denunciaron la “crueldad” de la batalla. Y el gran Henry David Thoreau no pagó impuestos y llamó a la resistencia civil en protesta por la agresión a México. Sin duda Trump tiene más enemigos.
Pero faltaría un requisito. Saber ¿qué defendemos juntos los mexicanos? Para eso -como se recordó en la cena decembrina del periódico Reforma- es necesario el “patriotismo”.

Reforma / Germán Martínez Cázares