Opinion Nacional

Gasolinazo: es el impuesto, estúpidos

El desplome se da por la ineficiencia de un Pemex, que ante la creciente demanda y el deficiente mantenimiento en sus refinerías se vio obligado a importar más y más combustibles

El modelo alimentado desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari de transferir al extranjero la producción de combustibles en México acabó siendo desastroso.

Tanto como que un productor venda al extranjero sus naranjas a un peso y acabe importando a tres pesos el jugo de naranja que se produjo…. ¡con las mismas naranjas que vendió!

¿De quien fue el utilidad final? ¿En dónde se quedó el valor agregado? ¿Es negocio producir materia prima pero importar el producto terminado?

El INEGI da la respuesta cuando contabilizamos que tan solo de enero a octubre del 2016, la balanza petrolera de México es deficitaria en más de 10 mil millones de pesos.

Eso significa que importamos más productos petroleros –con valor agregado– que todo lo que nos pagan por los millones de barriles de crudo que vendemos en el mercado internacional. Así de simple.

Pero ese déficit se ubica sin duda en la incapacidad de Pemex para reaccionar en los últimos tres sexenios –Fox, Calderón y Peña Nieto– a las exigencias de buscar nuevas reservas y de explotar nuevos yacimientos.

¿Qué hizo el gobierno de Felipe Calderón con los excedentes de un petróleo que alcanzó a cotizar en su sexenio por arriba de los 100 dólares el barril? ¿Un gobierno obeso, una alta burocracia insaciable y un Pemex sin dinero para modernizarse?

Para ver el drama en toda su magnitud, baste saber que mientras que en enero del 2014 exportábamos mensualmente 3 mil 800 millones de pesos en productos petroleros, para el mismo mes del 2015 se habían reducido a 2 mil millones y en enero del 2016 apenas superaban los mil millones.

Es decir, los ingresos petroleros –con cifras publicadas por el INEGI– se desplomaron a la cuarta parte, producto de la caída en la producción y en los precios internacionales del petróleo.

Pero el desplome se da por la ineficiencia de un Pemex, que ante la creciente demanda y el deficiente mantenimiento en sus refinerías se vio obligado a importar más y más combustibles.

El esquema con un peso estable flotaría, pero con una devaluación acelerada hasta llegar a los 21 pesos por dólar de hoy, la fórmula es suicida. Demagogia que las gasolinas en México irán a la baja.

Para cerrar el círculo del desastre, el gobierno convirtió a las gasolineras en sus principales centros de recaudación de impuestos. Fue la salida mas simple para compensar la informalidad fiscal.

Es cierto que los gasolineros venderán el combustible al precio en el que lo adquieran en el extranjero, mas los costos de transportación y almacenaje.

Pero al precio de cada litro le tienen que sumar 5.50 pesos de IEPS (Impuesto Especial a Productos y Servicios) lo que significa una recaudación anual superior a los 260 mil millones de pesos.

Pagando la gasolina en dólares –porque aquí no la producimos- y pagando el 40 por ciento de impuesto sobre ese combustible, no hay sueldo que alcance.

Un mexicano promedio, de los que ganan 8 mil pesos mensuales, gastando un tanque de 40 litros por semana le reporta al fisco una utilidad de 220 pesos por semana, 880 al mes. Solo a través del combustible le está gravando más del 10 por ciento de su salario. Y eso, es otro IVA. ¿Así, o más claro?