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Destaca INAH hallazgos en proyecto Gran Acuífero Maya

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dio a conocer un balance de los importantes hallazgos que realizó en el proyecto Gran Acuífero Maya (GAM) –abarca las zonas quintanarroenses de Muyil, Tulum y Chumpón– durante el año que termina, entre otros: el cráneo de un hombre muerto hace más de 10 mil años; restos de megafauna y un altar maya prehispánico en un estado de conservación inaudito.

Los hallazgos se realizaron durante los primeros seis meses de prospección arqueológica del instituto en diferentes cuevas ubicadas en un transecto –muestreo o trayecto a lo largo del cual se hacen observaciones o se toman muestras para un proyecto de investigación– de 50 kilómetros radiales que abarcan las zonas quintanarroenses.

La investigación ‘Localización de fuentes de agua ancestrales’ del INAH se realizó en Muyil (a 25 kilómetros de Tulum, ya en el municipio de Felipe Carrillo Puerto), Tulum (135 kilómetros al sur) y Chumpón (en Felipe Carrillo Puerto). Se trata de una primera ruta que posteriormente se ampliará.

En un comunicado, el Instituto de Antropología señaló que los trabajos fueron encabezados por Guillermo de Anda Alanís, quien contó con aportes de geólogos, biólogos, arqueólogos y exploradores subacuáticos debido a que los contextos se hallan en cavidades inundadas.

Para el arqueólogo, director del proyecto Gran Acuífero Maya, “los hallazgos son relevantes por la información que aportarían sobre cambio climático, los primeros pobladores de América –en la península de Yucatán– y las manifestaciones materiales de la ritualidad maya, sin considerar datos que también se obtienen sobre la hidrogeología de la zona”.

Hallazgo único

El cráneo se localizó cubierto por una capa de mineral endurecido, completo y bien preservado, rodeado por concreciones (acumulación de partículas para formar una masa) que requieren de un goteo constante durante cientos de años, refiere que ese elemento óseo estuvo expuesto en un ambiente seco antes que subiera el nivel del agua en la cueva.

De comprobarse mediante análisis arqueométricos la antigüedad del cráneo perteneciente a un hombre del periodo Precerámico –que podría rebasar los 10 mil años–, “estaríamos ante un hallazgo único en el contexto de la arqueología referente a los primeros pobladores de la zona”, expresó De Anda, también explorador de la National Geographic Society.

La ubicación de un altar maya del Posclásico Temprano (900-1200 d.C.), revestido aún con estuco, es otro de los resultados del trabajo auspiciado también por el Banco de Desarrollo para América Latina, el Aspen Institute México, la Universidad Tecnológica de la Riviera Maya, la National Geographic Society y el Tecnológico Superior de Felipe Carrillo Puerto.

Resulta el mejor preservado de los reportados en el área y sus relieves presentan figuras antropomorfas, zoomorfas y algunas abstractas. Sobresale el nivel de conservación del estuco, y la ofrenda, que consiste en un gran fragmento de estalagmita (formación calcárea que los mayas vinculaban con la fertilidad) que permanece in situ.

En la cueva también se registraron diversas ofrendas cerámicas y modificaciones arquitectónicas, tales como muros y senderos de piedra.

Mandíbula

Guillermo de Anda acotó que en otra cavidad se halló la sección de una mandíbula de un ejemplar de megafauna, es decir, perteneciente a la última Edad de Hielo, con una antigüedad de por lo menos 10 mil años.

El fragmento óseo, que al parecer pertenece a un gonfoterio, presentaba cinco piezas dentales todavía articuladas; se harán más estudios y una digitalización del resto de mandíbula para confirmar si pertenece a ese proboscídeo ancestral.

Un objeto a destacar corresponde a una vasija maya, posiblemente del Posclásico Temprano (900-1200 d.C.), hallada completa a 500 metros de la entrada de una gran cueva inundada y a 10 metros de profundidad.

Guillermo de Anda destacó que “hasta el momento no se sabe de accesos cercanos a esa pieza cerámica, lo que nos lleva a pensar que fue depositada cuando el nivel del agua era más bajo, durante alguna etapa de extremo estrés climático, ocasionado por una de las fuertes sequías documentadas por los paleoclimatólogos”.

“Depósitos similares han sido registrados en otras zonas de la península de Yucatán, pero nunca a una distancia tan grande con respecto a la entrada”, concluyó el arqueólogo.

La Jornada