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El Lincoln 76 en el que desfilaban los presidentes priistas el día del Informe está desaparecido

En México, solía hacerse una fiesta nacional. De los edificios altos brotaba confeti, de las paredes colgaban letreros de agradecimiento y en las calles rebotaban gritos de euforia. Nadie iba a la escuela, ni a trabajar. Los comercios se cerraban. Todo, con el objetivo único de aplaudirle al Presidente de la República que para rendir su Informe de Gobierno se trasladaba de Los Pinos a San Lázaro en un Lincoln 76 descapotable.

Por lo menos así ocurrió desde el sexenio de José López Portillo. El Lincoln llegó a Los Pinos como un regalo del entonces Presidente de Estados Unidos, James Carter, según publicó el periódico El Universal en 2006. Luego, sirvió para conducir a Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León. Los Presidentes de la alternancia política, Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa –los dos postulados por el Partido Acción Nacional- modificaron el ritual. Ya no pronunciaron largos discursos ante el Congreso sino que sólo entregaron sus Informes. Y la fiesta ya no volvió a organizarse. Se suspendieron los traslados de Los Pinos al Congreso en el descapotable. Y el descapotable desapareció.

Según el Portal de Obligaciones y Transparencia (POT), la última vez que la Presidencia de la República dio cuenta sobre el automóvil fue en 2008 cuando declaró “inexistente” su ubicación en la casa de Los Pinos así como su destino. La Presidencia tampoco pudo responder si fue vendido, por quién y por qué razones.

El Lincoln 76 perteneció al inventario de los mexicanos. No sólo como posesión de la casa de Los Pinos; sino como objeto en su cultura política. Cuando desapareció de la escena ya no era el mismo. El automóvil vivió en paralelo el declive de la fiesta del Informe.

Fue ese Lincoln 76 el que condujo a López Portillo a rendir su VI y último Informe de Gobierno durante el cual lloró mientras pedía perdón. “A los desposeídos y marginados, a los que hace seis años les pedí un perdón que he venido arrastrando como responsabilidad personal”. Ese Informe en el que con la voz quebrada dijo: “Soy responsable del timón, pero no de la tormenta”. Y aunque entre lágrimas, López Portillo recibió aplausos mientras volvía a Los Pinos en el descapotable.

Después, el Lincoln trasladó a Miguel de la Madrid Hurtado. En 1988 se convirtió en el primer Presidente interpelado de la Historia. Fue interrumpido por la voz grave de Porfirio Muñoz Ledo quien le reclamó la poca transparencia de las elecciones presidenciales que se efectuaron ese año. El ritual empezaba a sepultarse.

Los Informes de Carlos Salinas de Gortari fueron interpelados uno tras otro por los diputados del Partido de la Revolución Democrática. Pero él parecía inmutable. Alguna vez dijo que ni los veía ni los oía. Mantenía la mirada en el texto mientras rebotaban los gritos. Levantaba la cara y lanzaba frases pausadas. Después de los Informes, Salinas volvía a Los Pinos en el Lincoln, bañado de confeti y saludando a quienes salían a verlo.

Y ya leyenda, fue ese Lincoln el que transportó a Ernesto Zedillo cuando en 1997 el país amaneció casi en crisis constitucional porque por primera vez en su historia el PRI no tenía mayoría en la Cámara. Acarreados en autobuses para un operativo cuerpo a cuerpo en San Lázaro, los diputados priistas supieron que tenían la batalla perdida. Zedillo volvió a Los Pinos en el Lincoln; pero la lluvia de confeti empezaba a amainar.

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Postulados por el Partido Acción Nacional, Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa se propusieron acabar con el ritual del Informe y dejaron de pronunciar largos discursos y de desfilar. Aunque en 2012, el PRI regresó a Los Pinos en la persona de Enrique Peña Nieto, el traslado en descapotable para ser celebrado el día del Informe ya no existe en el protocolo. El Presidente le entrega el documento a los legisladores y al siguiente día brinda un discurso en el Palacio Nacional.

El último Presidente que se vio en el Lincoln 76 fue Ernesto Zedillo Ponce de León. En ese tiempo (1994-2000) no existían los mecanismos de transparencia; de modo que si ese año fue vendido no quedó bajo ningún registro.

Sin Embargo