Opinion Nacional

¡Qué días tan felices!

Y empezó el sexenio anunciando que en México el hambre desaparecería.

Vino el expresidente de Brasil, Lula da Silva -antes tan divino y hoy tan maldito- para ser testigo de honor en la puesta en marcha de la Cruzada Nacional contra el Hambre que se celebraba en Chiapas. Ese día el presidente Peña Nieto y su secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, anunciaban no precisamente el milagro de los panes y los peces, sino el inicio de una nueva era.

Era la época en la que por las noches se trabajaba en el Pacto por México y por las mañanas se repartía esperanza e ilusión en forma de una campaña que terminaría con el hambre en nuestro país.

Sin embargo, nuestra política social -tan necesaria y tan lacerante- sigue siendo uno de los temas pendientes en México desde los tiempos de la Revolución.

Y es que, desde la construcción del Estado moderno mexicano impulsada por Plutarco Elías Calles, no se pudo ni se quiso encontrar una solución al problema de la desigualdad social. La misma que tampoco se resolvió en el periodo del Tata Cárdenas para que nuestros pobres fueran menos pobres y nuestros ricos no acumularan una fortuna tan insultante.

Pero la verdad es que ahora hemos llegado al final de esta carrera en un momento en el que no sólo es conveniente sacar el balance y observar las imágenes en las que la sociedad mexicana sigue teniendo hambre; sino que el PRI y sus gobiernos han dirigido a un país que se rige por aquella declaración histórica en la que Luis Donaldo Colosio dijo: “Yo veo un México con hambre y con sed de justicia”.

Terminamos un año, tal vez el más decisivo de nuestra historia moderna, en el que las nuevas generaciones de gobernadores corruptos y prófugos liquidaron toda buena intención que se pudo haber prometido.

Y ahora entre la acumulación de un plan más que no resultó y de otra frustración que se arrastrará de sexenio en sexenio, la pregunta es: ¿cómo, cuándo y dónde será posible tener una política social que además de llenar los estómagos no termine con las ilusiones del pueblo? Ya que sería muy valioso generar una política que no destroce cada seis años a varias generaciones, porque durante un instante llegamos a creer que seríamos un país más justo, más solidario y más balanceado en términos sociales.

La lucha contra la corrupción también es fundamental, porque sin corrupción habría menos hambre, y eso sin duda alguna le serviría a la gente y al sistema para que Sedesol deje de ser una secretaría polarizada e ignorada. Puesto que todo parece como si en vez de haber cambiado de titular, éste simplemente hubiera desaparecido.