Partidos Políticos

Ni verbo ni carita: ¿Cómo tratan de hablarle los políticos mexicanos a los millennials?

Un problema de hablar de y a “los millennials” es que casi nunca queda claro de quiénes estamos hablando o por qué estamos hablando de ellos en esos términos. Nos solemos referir a los jóvenes, a los chavos de hoy, a la chaviza bullanguera, a la muchachada. Pero al decirles “millennials”, consideramos tal vez demasiados rasgos específicos de una generación y ahí es donde nos metemos en problemas.

¿Exactamente qué generación? ¿De qué país o países? ¿De qué niveles socioeconómicos o contextos sociales? ¿Cuántos realmente comparten lo que decimos que comparten? ¿Qué tantas cosas realmente conforman ese lenguaje, identidad y mundo distinto del de otras generaciones? ¿Y las otras generaciones de plano no tienen también algo de eso que decimos que es “millennial”?

Si de por sí es complicado hablar de “millennials” fuera de las sobremesas, cuando lo hacen los políticos mexicanos eso no puede acabar bien. Cuando vemos un video del presidente del PRI, usando un ridículo filtro que le antepone unas caricaturizadas orejas, nariz y lengua de perro, diciéndonos que el “voto” es un “like” a la democracia, nos despierta la sospecha de que tal vez para él los millennials son, o somos, gente idiota. También vemos en otro video al presidente del PAN, extendiendo su mano para hablarle a un juguetito de Star Wars…

O sea, ¿es en serio?

Es claro que su objetivo—para los millennials o no—es restar solemnidad al lenguaje de la política, interpelar audiencias juveniles, relajarse, mostrarse accesibles y, sobre todo, como no-políticos. Pero ya sabemos que estos ridículos son todo menos nuevos, sobre todo ahora que tenemos dos modelos exitosísimos de políticos que pueden relajarse y hacerlo perfecto: el todavía presidente estadounidense, Barack Obama, y el primer ministro canadiense, Justin Trudeau. Lo hacen tan bien que la prensa a veces olvida que son políticos y les da una cobertura de héroes de telenovela. El internet los trata como memes de gatitos. Ver a Obama haciendo cosas tiernas. Ver en Trudeau al guapo-que-no-sabe-que-es-guapo. Eso codician los políticos mexicanos y para eso hay que atreverse, intuyen, a hacer el ridículo en los términos, referentes y plataformas de… “los millennials”.

La cosa es que para ser cursi y despertar suspiros en el internet también hay que tener capitales. Ya lo sabemos: fulanito cuenta el mismo chiste que sutanito, pero sólo nos da risa cuando lo cuenta sutanito. Es un tema de carisma, de autenticidad y habilidades interpersonales. Hay quien lo tiene y hay quien ni desviando todo el presupuesto público de los estados que gobiernan en su imagen personal lo consigue. Uno se puede haber casado con la actriz de telenovela, pero si se es incapaz de articular un discurso realmente relevante para alguna audiencia y conectar con ella, la popularidad puede caer a niveles irremediables. En el caso de los políticos: ser ridículo o frívolo y ser adorable. Por ello es un lujo de quienes han demostrado cosas, de quienes vemos un fondo, no el camino para ser un buen político.

Tal vez los políticos mexicanos lo harían mejor si en vez de hablarle a los “millennials” buscaran a la juventud mexicana: quiénes son, qué piensan, cuál es su relación con la política mexicana.

Es interesante que Anaya le diga a BB-8 que en 2018 va a perder el PRI y va a regresar el PAN. Y ya. Y con eso pretende hablarle a las audiencias que eran niños cuando el PAN era la gran promesa que sacó al PRI de Los Pinos luego de 70 años y, al poco tiempo, cuando estos niños se convirtieron en jóvenes, el país se convirtió en una fosa de muerte, secuestro y violencia. ¿Así quiere convocar al voto juvenil? ¿En verdad cree que con BB-8 los “millennials” obvian todo esto y se encariñan con alguien que en realidad no les está ofreciendo o reflexionando sobre nada más?

Y luego Ochoa pide que le demos “like” a la democracia, desde el partido que ha alcanzado unos niveles de corrupción insoportables para el país. ¿Será que con el filtro de Snapchat la democracia que no ha logrado generar mecanismos de rendición de cuentas y castigo a esos corruptos nos despierte entusiasmo?

video: https://www.youtube.com/watch?v=5SS7XrvxR00

Si los políticos mexicanos se van a seguir empeñando en buscar en el extranjero los moldes y ejemplos a seguir en la comunicación política hacia jóvenes, tal vez, antes que Obama y Trudeau, deberían empezar por mirar a Bernie Sanders. ¿Por qué fue él quien en las encuestas mostró el mayor entusiasmo entre los electores entre 19 y 29 años? No fue usando Snapchat o hablándole a juguetitos, sino que reconoció los retos que afrontaban y la precariedad del sistema político y económico para resolverlos. Sanders construyó la esperanza a partir de discursos sobre el fondo, no sobre las formas.

El desencanto con los políticos lo es en cuanto a que perpetúan un sistema que no sirve. Presentarse sólo como no-político no es mejor solución que mejor hablar de lo que no sirve del sistema y cómo cambiarlo.

Si de plano no tienes el verbo de Obama o la carita de Trudeau, ¿qué tal comenzar con los mea culpa, con una reflexión pública e inteligente sobre lo que está mal y con ideas plausibles y esperanzadoras sobre cómo cambiarlo? ¿No quieres, no te conviene o no te dejan? Entonces mejor sigue siendo el acartonado político que has sido siempre, porque hablarle a eso que entendiste que son los “millennials” no te va a servir de mucho.

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José Ignacio Lanzagorta es politólogo y antropólogo social.

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