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Última llamada antes del ‘reality show’ de Trump

Nueva York. El gobierno en formación de Donald Trump continuó profundizando la alarma ya no sólo entre inmigrantes y ecologistas y defensores de educación pública sino ahora hasta los que aún anhelan ese acuerdo para resolver la eterna crisis de Medio Oriente, y a integrantes de la clase política profesional de ambos partidos, mientras que en una última llamada antes de que se estrene el reality show de Trump en la Casa Blanca miles están intentando provocar una rebelión dentro del Colegio Electoral que emitirá su voto para elegir al próximo presidente de Estados Unidos este lunes.

Con cada presentación de un nuevo integrante de su gobierno, Trump ha provocado preocupación y cierto asombro. Ha seleccionado hasta la fecha 17 para encabezar a agencias federales más otros cinco que ocupan puestos claves dentro de la Casa Blanca. Unos ocho de ellos han tenido posiciones casi opuestas -y algunos han hasta promovido la desaparición de partes o toda- de las burocracias que encabezarán.

Más aún, el elenco hasta la fecha se distingue por el número notable de multimillonarios y generales -ya es el gabinete con mas riqueza personal en la historia (se calcula que los seleccionados tienen una fortuna combinada de mas de 14 mil millones de dólares). Y la representación de ciertas industrias y empresas también han generado atención, sobre todo los tres banqueros de Goldman Sachs y el ejecutivo en jefe de la mayor petrolera del país Exxon Mobil.

Hay entre los nombramientos dos figuras que encabezarán agencias claves en torno al cambio climático que rechazan o dudan del consenso científico mundial sobre ese fenómeno: Rick Perry como próximo secretario de Energía y Scott Pruitt en la Agencia de Protección Ambiental; como secretaria de Educación Betsy DeVoss ha sido gran promotora de la privatización de la educación pública; el senador con un pasado racista y la figura más antimigrante de la cámara alta Jeff Sessions estará encargado de la aplicación de leyes de derechos civiles y protecciones de derechos de inmigrantes entre otros como procurador general, el cirujano afroestadunidense Ben Carson se encargará del Departamento de Vivienda a pesar de tener nula experiencia en ese rubro “más allá de haber vivido en una casa”, como comentó un crítico.

A la vez, la presencia de ex generales como James Mattis como secretario de Defensa, John Kelly en Seguridad Interna y Michael Flynn como asesor de seguridad nacional provoca nerviosismo dentro y fuera del país. Algunos analistas han indicado que Mattis será una “influencia moderadora” en el gabinete, pero un militar con el apodo de Mad Dog (Perro Rabioso) no calma los nervios de muchos.

El nombramiento más reciente, del ultra sionista David Friedman como próximo embajador de Israel provocó que el New York Times, en un editorial, lo calificara como una “opción peligrosa” argumentando que es probable “que provocará conflicto en Israel y los territorios ocupados, incrementara las tensiones regionales y minara el liderazgo estadunidense”.

Friedman no tiene ninguna experiencia diplomática y promueve una posición extremista que, en contravención del derecho internacional y aún de la política exterior de Washington durante gobiernos de ambos partidos, cuestiona la solución de dos estados, apoya la continuación y expansión de la ocupación israelí de territorio palestino. A la vez, el nominado ha acusado al presidente Barack Obama de ser “anti-semita” y acusa a organizaciones judías liberales de ser peores que los “kapos” – los colaboradores judíos de los nazi.

Todos están a la espera de las próximas sorpresas desde la Torre Trump.

Mientras tanto, en una campaña sin precedente, un pequeño grupo de electores del Colegio Electoral junto con activistas políticos, artistas, y ciudadanos están buscando convencer a por lo menos 37 de los 305 electores republicanos comprometidos con votar por Trump de emitir su voto este lunes para otro republicano tradicional y así “rescatar” al país y su democracia de Trump.

Nunca antes tantos se han enfocado sobre el voto casi siempre ceremonial y desapercibido de los 538 integrantes del llamado Colegio Electoral que emitirán sus votos en cada una de las capitales estatales y la capital. Son ellos, y no el voto popular que determina el próximo ocupante de la Casa Blanca según lo establece la Constitución – no hay voto directo para presidente en Estados Unidos. El ganador tiene que acumular por lo menos 270 votos electorales. Al emitir sus votos preparan un “certificado” que envían al Archivo Nacional. El 6 de enero, el Congreso se junta para contar los votos y se declara el ganador.

Algunos de los electores han recibido decenas de llamadas y cientos , a veces miles, de correos rogando que “voten su conciencia” y recordando que Alexander Hamilton, uno de los padres fundadores y uno de los arquitectos del sistema político, escribió que un propósito del Colegio Electoral es asegurar que el puesto de la presidencia nunca sea entregada a “cualquier hombre que no está dotado a un grado eminente con las calificaciones requeridas”.

Junto con ello, se les recuerda que Hillary Clinton gano el voto popular por un amplio margen (cerca de 3 millones de votos), que un 54% del electorado que participo voto por alguien otro que Trump, que el magnate continuara promoviendo divisiones en el país, que no tiene respeto ni conocimiento de sus instituciones y practicas, y que la aparente interferencia rusa en la elección debe ser investigada antes de coronar al próximo presidente.

La campaña entre electores [http://www.hamiltonelectors.com/events] fue apoyada por figuras como el cineasta Michael Moore, y por separado, por un grupo de artistas, desde el acto Martin Sheen al músico Moby, que realizaron un video para generar presión publica sobre los electores [https://www.youtube.com/watch?v=0z0iuWh3sek].

Aunque se supone a estas alturas que no lograrán su objetivo, la existencia de tal esfuerzo es inédita y demuestra las dimensiones de la crisis política que genero esta elección.

La Jornada