Opinion Nacional

En busca de la verdadera Juana Cata

Elena Poniatowska

¿Por qué minimizan los historiadores a una mujer que sabe mantener una empresa, dirigirla y triunfar?

¿Por qué a Juana Cata la reducen a ser una señora comidera que le hacía sus tlayudas a Porfirio Díaz?

¿Por qué a una mujer con capacidad de mando que ordena, administra, encauza, la disminuyen y hacen de ella una itsmeña caserita que hacía sonar en misa las cuentas de su rosario?

¿Por qué a una empresaria de rostro fuerte y tranquilo que demuestra que sabe lo que hace y produce la mejor azúcar del Itsmo, al grado de ganar dos premios internacionales, se le sepulta en las páginas biográficas de la historia de México, cuando fue una gran mujer de negocios?

¿Por qué a una líder que saca adelante su vida y la de todos sus trabajadores no le reconocen el mérito de su inteligencia y su tenacidad?

¿Por qué a una mujer que entabló relaciones de negocios en Estados Unidos, París, Turquía, Jerusalén, Roma y Barcelona, e incluso un par de ocasiones fue recibida por el Papa León XIII, sólo la consideran la amiga de don Porfirio?

¿Por qué convierten a Juana Cata en un nombre que sólo se liga al dictador?

¿Por qué se le niega capacidad a la mujer?

Raciel Sánchez Rivas y Julia Astrid Suárez Reyna emprenden esta necesaria investigación sobre la vida y la obra de Juana Catalina Romero, a quien todos conocen como Juana Cata, para rescatarla del olvido en su libro Juana C. Romero: una mujer extraordinaria en la historia de México. Ambos académicos señalan que la fecha exacta de su nacimiento se ignora, aunque textos publicados en Internet señalan que vio la luz el 24 de noviembre de 1837 (otros el 27). Tanto articulistas como historiadores reconocidos reducen a Juana Cata al papel de compañera sentimental de Porfirio Díaz. La antropóloga Julia Astrid Juárez señala que no se han encontrado documentos que confirmen este supuesto: En 1930 o 1940, cuando había que justificar ciertos temas de la Revolución, se echa mano a la tradición oral; de allí viene esa leyenda.

Ubicamos a Juana Cata en pleno siglo XIX, cuando en el resto del mundo las mujeres adquirían cierta capacidad de protagonismo: Mary Wollstonecraft publica su Vindicación de los derechos de la mujer en respuesta a los conceptos machistas del Emilio, de Rousseau; en Estados Unidos, Susan Anthony funda una Liga de Mujeres para la Liberación de Esclavos y lucha por el voto femenino; en nuestro país, la mujer, aun entrenada para la familia o para el claustro, ya ha producido a una intelectual que sigue siendo el mayor poeta de América Latina: Sor Juana Inés de la Cruz, que Octavio Paz considera un fenómeno mayor. En México son años marcados por la ausencia de oportunidades para la mujer en la sociedad, menos aún en la vida comercial y empresarial, por lo que es comprensible y hasta justificable que nadie se molestara en investigar a fondo quién era doña Juana Cata y cuáles podrían ser sus méritos.

Es más fácil repetir una leyenda que buscar una verdad, pero Raciel Sánchez Rivas y Julia Astrid Suárez Reyna, dos jóvenes investigadores, se lanzaron a buscarla en archivos históricos, jurídicos, notariales y parroquiales de Oaxaca y de la Ciudad de México hasta dar con la verdadera Juana Cata.

Oaxaca siempre se ha distinguido por su capacidad creadora, la bravura de su gente, su temple cultural y su agudeza, la capacidad de mando de las juchitecas, la fuerza de su voz en el mercado, su habilidad para exhibir sus productos y hacerlos valer. Yo soy la que soy. Es muy difícil que entre las juchitecas haya una sola dejada. Al contrario, las mujeres se imponen, imposible no verlas, no sólo por la belleza de sus atuendos, sino por la fortaleza de su postura y su capacidad de protesta. Las oaxaqueñas son de armas tomar. Por tanto, quienes quisieron eliminar a Juana Cata Romero reduciéndola a su sola amistad con don Porfirio –oaxaqueño también– sólo hacen gala de ignorancia.

A medida que avanzamos en las páginas de Una mujer extraordinaria en la vida de México nos enteramos de que Juana Cata no es sólo un personaje pintoresco o una tehuana de refajos y olanes, sino que fundó colegios; restauró iglesias; encabezó la lucha por salarios justos, a pesar de ser ella misma una terrateniente. Fue la primera en defender los derechos de sus trabajadores. Juana Cata impuso un nuevo modo de conducir una fábrica. Extraordinaria empresaria azucarera, dueña de los ingenios Santa Teresa, Santa Clara y San Juan de la Cruz, creó el Instituto de las Artes y Buenos Oficios, para muchachos, y el de Artes Manuales y Musicales para mujeres jóvenes que pretendían escapar del yugo patriarcal.

Juana Cata, de ascendencia española, viajó por el mundo y cerró tratos con sus pares europeos y norteamericanos; repartió becas a los jóvenes de Tehuantepec para que fueran a estudiar a Puebla y Ciudad de México, adelantándose a la política educativa de José Vasconcelos, quien empezó su cruzada alfabetizadora seis años después de la muerte de Juana Cata.

Sería de toda justicia recordar que su postura solidaria con estudiantes y trabajadores, su incansable labor y su visión a futuro ayudaron a sentar las bases industriales, políticas y educativas del estado más importante en la cultura de nuestro país.

Por todo ello, este libro es un merecido homenaje a una de las mujeres que México condena al olvido en vez de reconocerla y convertirla en tema de investigaciones históricas, que mucha falta nos hacen. Ponerse a descubrir cuál es el valor de cada personaje es una verdadera contribución a la historia de México. Por eso jamás olvido el gran libro sobre la escritora Nellie Campobello, única autora de la Revolución Méxicana, que hicieron Jesús Vargas Valdés y Flor García Rufino: Nellie Campobello: mujer de manos rojas, editado por la Universidad de Chihuahua en 2012, sin duda el mejor libro sobre la autora de Cartucho, que nos invita a conocer, analizar y deleitarnos con su vida y su obra.

Al concluir la lectura de Una mujer extraordinaria en la historia de México nos damos cuenta de cuánto dista la sociedad actual de una mujer con el talante y las agallas de Juana Cata. ¡Ya quisieran muchas de nuestras primeras damas, senadoras, diputadas y aspirantes a la presidencia tener su porte, su capacidad de mando y su vena empresarial!

El libro de Raciel Sánchez Rivas y de Julia Astrid es –además de una investigación que hacía falta– un aporte a la historia de México y una inspiración para nosotras, las mujeres que pretendemos hacer algo no sólo por nosotras mismas, sino por nuestro país.

Ojalá que a partir de esta investigación desaparezca la leyenda de la que le hacía sus garnachas a don Porfirio para dar paso a la verdadera Juana Cata, aquella a la que estas páginas hacen justicia desde el título: Una mujer extraordinaria en la historia de México.

La Jornada