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París estrena nuevo templo del perfume

Un museo dedicado a la historia de las fragancias abre sus puertas la semana que viene en un palacete neoclásico del Faubourg Saint-Honoré

París contará, a partir de la semana que viene, con un nuevo museo dedicado al perfume. El Grand Musée du Parfum abrirá sus puertas el próximo viernes en un palacete neoclásico de 1.400 metros cuadrados, que en otro tiempo acogió la sede parisina de la marca Christian Lacroix. El centro se sitúa en pleno Faubourg Saint-Honoré, privilegiado enclave donde se han ubicado, desde hace casi dos siglos, las principales firmas de moda y lujo, a dos pasos del Palacio del Elíseo y enfrente del Hotel Bristol, el favorito de Woody Allen, Joan Didion y Nicolas Sarkozy.

“En París contamos con un museo de la moda, pero hasta ahora no existía ninguno dedicado a la historia del perfume. Nos dijimos que esta industria también merecía un homenaje”, afirmaba este viernes su presidente, Guillaume de Maussion. El centro completa el mapa olfativo de la capital francesa: se suma al que la marca Fragonard tiene abierto cerca de la Ópera Garnier y al espacio expositivo del perfumista Frédéric Malle en el barrio del Marais, proyectado por el prestigioso estudio de arquitectura Jakob + MacFarlane. Sin embargo, hasta la fecha no existía ningún museo no vinculado a una marca y dedicado a toda la historia de la fragancia moderna, que fue desarrollada en el París de entresiglos por marcas pioneras como Guerlain o Coty.

El itinerario arranca recordando a algunos personajes históricos especialmente apegados al perfume, desde Cleopatra, quien habría seducido a Marco Antonio sirviéndose de los suntuosos vapores del incienso, hasta la actriz Louise Brooks, emblema de la flapper de los años veinte, que popularizó las fragancias como un accesorio imprescindible para toda mujer moderna que se preciara.

En otra de las salas, el visitante descubre algunas de las materias que históricamente fueron usadas como perfumes, como la mirra, o bien la primera fragancia amalgamada a partir de distintos materiales, el llamado kyfi, fabricada en el Antiguo Egipto a partir de vino, miel, pasas, canela y corteza de espino, entre muchos otros ingredientes. Más tarde, en un escenario que reproduce las galerías comerciales del París decimonónico, se investiga el origen de perfumes tan míticos como el Chanel Nº5, quien quiso convertir las fragancias en el complemento definitivo a la moda. “Un perfume tiene que ser tan artificial como un vestido”, dejó dicho.

La segunda parte del recorrido tiene un perfil marcadamente lúdico, repleto de cabinas interactivas que permiten descubrir un extenso menú de materias primas para crear un perfume, como la rosa, la vainilla, la flor de azahar, la lavanda, la bergamota o el cardamomo. Sin olvidar otros menos ortodoxos, como el café, el tabaco y la marihuana. “Hemos querido privilegiar el poder de evocación que puede tener un perfume. El olor nos conecta con nuestra memoria emocional, una zona de muy difícil acceso”, explica De Maussion. La explicación también se adentra en los aspectos científicos e indaga en los cuatro centímetros cuadrados del sistema límbico, donde se concentran cinco millones de neuronas, capaces de almacenar una memoria de billones de olores. Más que un pájaro, pero mucho menos que un perro, una rata o un elefante.

La creación del museo ha supuesto una inversión de site millones de euros surgidos de la iniciativa privada. Ha contado con una contribución —“inferior al 10% del total”, según De Maussion— procedente del sindicato francés de perfumería, que agrupa a 66 marcas parisinas, algunas de las cuales también formarán parte de un comité de expertos que supervisará las actividades del centro. Entre ellos figuran Nicolas Beaulieu, uno de los perfumistas del prestigioso laboratorio IFF (en el que crean sus perfumes las mayores marcas francesas); Élisabeth Sirot, de la marca Guerlain; o Jean-Claude Ellena, la nariz de Hermès.

El País