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Educar ante el odio

Pese al mensaje violento del republicano, en Estados Unidos no existen diferencias, sostuvo la empresaria Miriam Martínez. 

Cd. de México.- Tras la campaña de ideas extremas que llevó a la Presidencia de Estados Unidos a Donald Trump, migrantes mexicanos afrontan el reto de inculcar a sus hijos valores muy distintos a los del magnate.

‘No siempre ganan los buenos’

La victoria de Donald Trump en las elecciones del 8 de noviembre tomó por sorpresa a la familia del mexicano Celso López, quien reside en San Diego, California, y debió explicarle a sus tres hijos que no siempre ganan los buenos.

“Lo primero que les dijimos es que no siempre ganan los buenos, para ponerlo en términos de niños”, cuenta.

Algo abatido por el resultado electoral, el oriundo de la Ciudad de México y casado con una mexicana con raíces japonesas entiende que rendirse no es una opción y ese es el ideal que más busca transmitir a sus hijos.

“Lo más importante para nosotros fue darles una señal de esperanza y que sepan que, a pesar de que el equipo contrario en este caso haya ganado, uno no debe dejar de luchar por lo que uno piensa y cree”, asevera.

La familia de López está conformada por su mujer, Sisi, y sus hijos Naomi, Akira y Eri, de 10, 8 y 5 años, respectivamente.

“Ante el resultado no esperado de que (Trump) ganara, no nos queda más que reafirmar a nuestros hijos que esos (los del magnate) no son los mismos principios y valores que nosotros y buena parte de la sociedad tenemos”, explica López.

Este director financiero, quien dice sentirse bendecido por vivir en California, un Estado donde el racismo y el rechazo a las minorías es mucho menor al que se está viendo ahora mismo en el resto de Estados Unidos, indica que la campaña electoral ha sido difícil para él y su familia.

Menciona que, sin embargo, sus hijos comprenden que la victoria del magnate no es una demostración de que sus ideas divisivas son las más aceptadas en Estados Unidos.
Perciben profesores miedo de estudiantes

El día siguiente de las elecciones estadounidenses, uno de los alumnos mexicanos de Carol Ortega, maestra de segundo de primaria en Dallas, Texas, no acudió a clases.

“Cuando le preguntamos ‘¿por qué no viniste?’, él respondió ‘teníamos miedo y nos queríamos ir a México, porque Donald Trump ganó”, narra la mujer de 37 años.

Ortega, quien nació en El Paso y se crió en Ciudad Juárez, está casada con un español llamado Rubén y tiene dos hijos: Alejandro, de 2 años y medio, y Diego, de 4 meses.

Aunque ellos son todavía muy pequeños para comprender el resultado electoral, la maestra ve cómo el Presidente electo es una fuente de preocupación en su clase, a la que acuden varios hijos de migrantes indocumentados.

“Quiero que ellos aprendan como cualquier otro y que no tengan que preocuparse por lo que pase afuera. Quiero darles ese espacio donde estén a gusto, trabajen y no tengan miedo”, explica.

Aunque reconoce que todavía falta mucho para que deba explicar a sus hijos los alcances de la victoria de Trump, Ortega tiene claras las ideas que se enseñan en su casa: el respeto, la honestidad y la igualdad, sin importar quién gobierne.

“Aquí en Estados Unidos hay mucha diversidad y no importa si eres mexicano, brasileño o estadounidense: todos somos iguales”, asevera.

Todavía queda ver si el futuro Mandatario cumplirá sus promesas de campaña, pero su fuerte retórica contra los indocumentados y su aparente intención de expulsarlos, indica Ortega, ya ha desatado mucho temor en la comunidad.

“Eso es lo que yo me temo, que muchas familias van a pasar miedo”, lamenta.
Transmiten valores de respeto e igualdad

Pegada a su televisor, junto a su esposo y su hijo de 9 años, Miriam Martínez no podía creer lo que veía la noche en que el republicano Donald Trump ganó la Presidencia de Estados Unidos.

“No sabía cómo explicarlo, me quedé sin palabras”, reconoce la mujer de 31 años oriunda de Tlalnepantla, Estado de México.

Apenas tuvo tiempo de reaccionar. A la mañana siguiente, Tenoch, su hijo, tenía varias preguntas para ella.

“Lo primero que me dijo es ‘mami, ¿van a venir por nosotros porque somos mexicanos?’ y yo le dije ‘no, mi amor, cómo crees. Somos mexicanos, pero éste también es nuestro país”, relata Martínez.

Junto a su esposo Mario, esta empresaria decidió que no era momento de dejarse caer.

Su propósito es ahora el de contribuir a un cambio en la mentalidad estadounidense, transmitiendo a su hijo valores de igualdad y enseñándole a no ser parte de la espiral de negatividad en la que parece haberse sumido Estados Unidos.

“En la escuela sus compañeros dicen: ‘Trump es malo’, ‘Trump quiere hacer puras cosas malas con nosotros’, ‘Trump no quiere a los morenitos’… Se espantan.

“Yo trato de dar mi cambio educándolo a él desde ahora, que es chiquito, en que no hay diferencias y que, a pesar de que los mensajes de odio de Trump traten de ponernos a todos en contra, todos somos iguales”, defiende la mexicana.

“Tenemos que ser positivos, unirnos y no expandir el miedo (…) Vamos a luchar para que sus políticas no pasen”, sentencia Martínez.

Reforma / Lucas Proto