Opinion Nacional

Quiebre Salinas-Peña

Los que conocen los entretelones en Los Pinos advierten que podríamos estar en la antesala de un profundo quiebre en la relación entre el presidente Enrique Peña Nieto y el expresidente Carlos Salinas.

La fractura quizás no sea nueva, pero sí está en la fase más profunda e irreconciliable de lo que hasta ahora se le conoce.

El motivo de la confrontación es un melange de nombres: Videgaray, Trump, Ruiz Massieu y Yunes.

Comencemos por advertir que desde la precandidatura presidencial, Salinas consideró a Peña Nieto un pupilo bajo su sombra política.

Hasta que ya electo el mexiquense, y a la hora de designar al gabinete, el expresidente se dio cuenta que dentro del grupo peñista también existían sobrados afectos por Ernesto Zedillo.

Pero el sesgo más trascendente fue el que se dio cuando mediante el uso de la chequera y de su poder de influencia, Luis Videgaray se fue apoderando del gobierno.

Y en ese empoderamiento, el ministro de Hacienda acabó marginando a sus padrinos y mentores, Pedro Aspe, primero; y Carlos Salinas, después.

Pero tras encuentros y desencuentros entre las visiones de Videgaray y Salinas en el espinoso tema de Pemex, el ahora exsecretario de Hacienda fue creciendo la zanja con el expresidente.

La gota que derramó el vaso, que ya se veía copeteado, fue la sorpresiva visita de Donald Trump, pactada por Videgaray con Jared Kushner, el yerno del candidato republicano, a espaldas del gabinete.

Imaginarán el reclamo de los Bush, incondicionales apoyadores de Hillary Clinton, a su amigo Salinas por la insensibilidad del gobierno mexicano para promover en Los Pinos al candidato que consideran un peligro para EU.

Máxime cuando la Cancillería mexicana, operada Claudia Ruiz Massieu, sobrina del expresidente, no fue alertada de la invitación y mucho menos pudo anticiparle a su poderoso tío del encuentro que se avecinaba.

Por eso, cuando vino el Trump Affair, la secretaria de Relaciones Exteriores puso sobre la mesa su renuncia. Pero fue disuadida por Peña Nieto y al que renunciaron fue al poderoso e influyente –pero ya muy confrontado– secretario de Hacienda.

La otra parte de la ecuación se ubica en Veracruz, con Miguel Ángel Yunes, siempre ligado a los intereses de Elba Esther Gordillo y Salinas.

Para algunos analistas, la advertencia del gobernador entrante de Veracruz podría dejar al descubierto un megaescándalo que involucre peligrosas ligas entre las finanzas estatales con las de la última campaña presidencial. Suficiente para acabar de poner a un debilitado Peña Nieto contra la pared.

Sin interlocución eficiente con el nuevo “nuevo PRI”, Salinas diseña para el 2018 –con políticos y empresarios inconformes– la opción alternativa… desde afuera del PRI.

El mantra de esa cruzada exhibe diáfanamente la confrontación: para el 2018 cualquiera, menos alguien del Estado de México.

Por lo pronto, se sabe que hace unos días Peña Nieto y Salinas comieron, se dice en muy buenos términos. ¿Será el comienzo de planchar lo arrugado?