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Qué podemos esperar del último debate presidencial entre Hillary Clinton y Donald Trump

Donald Trump ha tenido el peor octubre de cualquier candidato presidencial en la historia reciente, y todavía falta la mitad del mes.

Tras ser acusado de abuso sexual y recibir miles de críticas por sus comentarios vulgares y degradantes sobre las mujeres, Trump llega cojeando al último debate presidencial contra su oponente Hillary Clinton. Según las encuestas, Trump está perdiendo en casi todos los estados que debe ganar para poder alcanzar la victoria.

En política, tres semanas son una eternidad, y esta elección en particular ha estado llena de sorpresas. Sin embargo, al arremeter contra los medios, al criticar a Paul Ryan (el representante republicano de mayor rango) y afirmar –sin evidencia sólida– que la campaña está arreglada en su contra, Trump parece estar más preocupado por buscar chivos expiatorios para explicar su posible derrota que en encontrar un camino victorioso hacia la Casa Blanca.

El desempeño de Trump y Clinton en el último debate, que tendrá lugar en Las Vegas, dará luces para determinar cuán sórdidos serán los últimos días de campaña… y qué tan profundas serán las heridas que el país tendrá que sanar después. Estos son algunos de los elementos que estaremos examinando esta noche:

¿Trump está preocupado por su marca?

Trump ya es el candidato presidencial menos querido en la historia de las encuestas, y será muy difícil que su reputación se recupere si insiste en diseminar teorías de conspiración sobre fraude electoral y burlarse de la apariencia de las mujeres que lo acusan de acoso sexual.

Y aunque tiene poco que perder como político, Trump sí tiene importantes intereses en juego. Muchos de sus negocios y proyectos dependen del valor de su marca personal, y en algún punto podría ser presionado (por familiares y socios) para que baje de tono sus ataques con miras de proteger sus inversiones.

No hay evidencia alguna de que esto vaya a suceder y puede que este debate crucial no sea el momento más estratégico para hacerlo.

¿Podrá Clinton encontrar el tono adecuado?

Trump no es el único que enfrenta decisiones difíciles sobre cómo actuar en estos últimos días. Clinton está bien posicionada: busca ampliar su campaña a estados que tradicionalmente prefieren a candidatos republicanos y cuenta con una cómoda ventaja en la mayoría de encuestas. Dado que tiene altas probabilidades de ganar, el debate puede servir como una plataforma para mirar más allá de la elección y empezar a buscar maneras de unir a un país que ha quedado polarizado tras una campaña fea.

Tras celebrar la frase de Michelle Obama, “cuando alguien es bajo, nosotros vamos por lo alto”, Clinton ahora la puede poner en acción. Hacerlo no solo sería un ejercicio en ser mejor persona para ganar elogios de comentaristas de centro. Si se compromete a representar a todos los estadounidenses después de la elección, incluyendo a los seguidores de Trump, Clinton podría desarmar a un contrincante que goza de las confrontaciones y es poco apto para la conciliación.

¿Trump incendiará al Partido Republicano?

Tras ser criticado por Ryan en el último mes de campaña, Trump parece estar listo para atacar a los dirigentes de su partido. Ha reservado palabras realmente venenosas para Ryan, a quien a descrito como un líder débil con malas ideas sobre el comercio y la inmigración. También ha insinuado que Ryan está saboteando su campaña con miras a preparar su propia aspiración presidencial dentro de cuatro años.

Estos ataques tienen el potencial de dividir al Partido Republicano y abrir heridas que podrían permanecer mucho más allá del 8 de noviembre. Si Trump decide atacar a los líderes de su partido en el debate, y venderse como un candidato esencialmente independiente que desafía a las elites de izquierda y de derecha, podría causar un daño muy profundo a su partido, incluso mayor al que Clinton puede hacerle a los demócratas.

Y si Trump decide castigar al partido que lo nominó, podría tener consecuencias directas para aquellos republicanos que buscan ser elegidos al congreso, para quienes sería un duro golpe que muchos de sus partidarios no vayan a las urnas por cuenta de la baja moral y la rabia entre los republicanos.

¿Clinton buscará reposicionarse?

Para los republicanos, los hackeos que hizo WikiLeaks de los discursos privados de Clinton y de los correos electrónicos de su gerente de campaña cayeron como un anillo al dedo. Sin embargo, las revelaciones no han servido para nada más que confirmar las sospechas de sus partidarios más hacia la izquierda: que es una demócrata de centro-izquierda, cuidadosa, a veces dada a las intrigas, que prefiere el pragmatismo a la pureza.

Ya que tiene una ventaja cómoda en los estados demócratas y empieza a hacer incursiones en nichos conservadores, como Arizona y Utah, la pregunta es si Clinton dará señas del centrismo del que habla en privado. Es poco probable, por ejemplo, que se eche para atrás en su oposición al Tratado Transpacífico (TTP). Pero ya que Trump está entrando al terreno de la conspiración, este debate puede ser una oportunidad para que Clinton le haga guiños a los votantes moderados e incluso a algunos republicanos que no están dispuestos a apoyar a su candidato pero que tienen dudas frente a ella.

¿El tema de abuso sexual dominará el debate?

Después de una semana llena de ejemplos y acusaciones de acoso sexual contra Trump, es posible que haya momentos que se asemejen más a un juicio dramático que aun debate presidencial. Trump todavía no ha presentado argumentos convincentes contra las varias historias de las mujeres que insisten que las tocó sin su consentimiento. Tras ridiculizarlas a ellas, Trump ha empezado a decir, de manera engañosa, que sus historias no tienen fundamento.

En el segundo debate, Trump tuvo dificultades para contestar preguntas sobre una grabación que sucedió once años atrás en la que se enorgullece de su éxito con las mujeres. Ahora, el desafío es mucho más grande: las acusaciones se han multiplicado y la mayoría de los votantes le cree a las mujeres.

Hasta ahora, Clinton no ha atacado a Trump de manera incisiva sobre este tema, y ha dejado espacio para que otros demócratas, como Michelle Obama, se encarguen de eso. Vamos a ver si mantiene la misma estrategia durante este debate.

The New York Times