Opinion Nacional

Las Vegas, Clinton, Trump, Salinas, Slim

Lo que esta noche pase en Las Vegas no se quedará en Las Vegas. Lo conocerá y lo debatirá todo el mundo.

Como si se tratara de una pelea de campeonato mundial, Hillary Clinton y Donald Trump se enfrentan en el epicentro de las apuestas mundiales, por el tercero y último round de los debates.

La demócrata y el republicano buscarán convencer a un electorado todavía indeciso de quién es el menos peor para que le alcen la mano y le entreguen la Casa Blanca.

No hay duda de que promete ser un debate despiadado. Después de todo es la última oportunidad que los antagonistas tendrán para descalificar públicamente al oponente. Y por lo encendidos que están los ánimos, podría anticiparse un nocaut.

Todas las reservas que por cautela se guardaron en el primero y el segundo debate, se olvidarán hoy cuando los controvertidos candidatos pasen por su última oportunidad, no para calificar, sino para descalificarse.

El más herido de los dos es Trump. Entre el segundo y este tercer debate el mundo se le vino encima, todavía más, por las denuncias de acoso sexual.

El republicano perdió pisada y si de verdad quiere recuperar terreno tendrá que asestar un golpe de tal magnitud,  que nulifique a una Hillary Clinton, quien buscará en principio no hacer olas –va de
gane– a menos que algún desorbitado ataque de Trump lo exija.

En México se abrió otro debate. El de los apoyos mexicanos a los candidatos norteamericanos. Miguel Basáñez, el exembajador de México en los Estados Unidos, dice que Carlos Salinas y los priistas están a favor de Trump.

Su argumento es que Hillary Clinton tiene una manifiesta animadversión por los priistas, al grado de decir en una cena que el PRI solo volvería al poder en México “over my dead body”, es decir, sobre su cadáver.

Pero el expresidente mexicano no se cocina al primer hervor. Sus vínculos que van más allá del afecto personal, históricamente lo ligan íntimamente con la familia Bush.

Y aún siendo republicanos, los Bush en esta elección apoyan a los Clinton. No en balde ambos apellidos tienen cinco de los últimos siete cuatrienios gobernando a los Estados Unidos.

Y ambas poderosas familias –los Clinton y los Bush– fueron promotoras del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, un eje centralísimo en el debate de la actual contienda presidencial norteamericana.

En el escenario electoral Clinton-Trump también apareció ya la figura de Carlos Slim. El llamado hombre más rico del mundo es, junto con otro financiero mexicano –Carlos Bremer–, mecenas y benefactor de la fundación de los Clinton.

Por eso Trump sacó a orear los vínculos entre los mexicanos y los Clinton. Porque sabe de cierto que en esas transferencias de generosos donativos aztecas hay tela de donde cortar.

Y no duden que, una vez más, México se convierta esta noche –como nunca antes en una elección norteamericana– en uno de los ejes del debate final.

Lo que no está en discusión es que Trump apostará en Las Vegas por su resto. Sin una contundente victoria hoy, el mañana no existe.