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Supera el cerebro a la galaxia.- Díaz

Silvia Isabel Gámez
Cd. de México (13 octubre 2016).- Para el neurocientífico José Luis Díaz, no hay duda: el cerebro humano es más complejo que nuestra galaxia, la Vía Láctea. Su similitud es numérica, pues se calcula que contiene 100 mil millones de estrellas, mientras que las neuronas ascienden a 86 mil millones.

Si la galaxia tuviera la misma complejidad estructural que el cerebro, se le tendría que asignar conciencia, pero no es así, advierte el investigador de la UNAM.

“Cada neurona tiene entre mil y 10 mil conexiones sinápticas con otras neuronas; eso no existe en la galaxia”, explica. “Las estrellas tienen una relación gravitacional que las mantiene en un solo sistema, pero no hay una comunicación directa entre ellas, como sucede con las neuronas”.

En Frente al cosmos (Herder), Díaz explora cómo la mente humana lidia con el universo. Los cosmólogos no tienen la exclusiva del cielo, afirma el académico de la lengua, y para demostrarlo remite en su libro al ensayo de Edgar Allan Poe Eureka (1848), y a la pintura de Vincent Van Gogh La noche estrellada (1889), ambos ejemplos de “intuición cósmica”.

Poe resuelve la paradoja de Olbers (1823), quien plantea que, en un universo infinito de estrellas, el cielo nocturno debería verse saturado de luz, tal como lo pinta Van Gogh, quien pudo haber recreado una galaxia espiral. La conclusión del escritor es que las estrellas se encuentran a una distancia tan inmensa que sus rayos no alcanzan el cielo.

“Se mete a un problema cosmológico y es el primero que lo resuelve”, señala Díaz. “Son manifestaciones de lo que llamo conciencia cosmológica”.

El conocimiento científico está limitado por las capacidades cerebrales, reconoce. Pero al mismo tiempo, uno de los mensajes centrales del libro es que atender las demandas intelectuales de la cosmología, “devanarse los sesos”, amplía la capacidad de conocimiento y el estado de conciencia.

“Y no hay nada más importante para el ser humano, evolutivamente, que expander estos ámbitos”.

Díaz, autor de libros como La conciencia viviente, El revuelo de la serpiente: Quetzalcóatl resucitado y La naturaleza de la lengua, está seguro de que sólo existen seres humanos en la Tierra, producto de la evolución, pero en los 500 mil millones de galaxias del universo observable podrían se halle a seres inteligentes con otra estructura.

Si se recibiera una señal de vida inteligente procedente de otro mundo, tendría lugar una de las revoluciones más grandes de la historia de la humanidad, considera el neurobiólogo.

“Imagínese saber que no estamos solos; la teología sufriría una conmoción”, afirma. “La pregunta sería si la vida de esos seres está basada en el carbono o en otro elemento. Pero, dadas las distancias, creo poco probable que lleguemos a verlos”.

Pensar en un Dios creador del universo es un acto de fe, ¿También lo es afirmar que el cosmos se originó hace 13 mil 800 millones de años de una gran explosión a partir de una partícula menor que un grano de arena? “Yo creo en la ciencia, pero, sí, es un acto de fe”.

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