Cultura

Ara Malikian, el mago del violín

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Se le considera el Niccolò Paganini del siglo XXI.

Nacido en Beirut, Líbano, en 1968, el multipremiado violinista Ara Malikian visitará México como parte de su gira latinoamericana denominada “15”, empezando el sábado 8 de octubre en la Explanada de la Alhóndiga de Granaditas durante el Festival Internacional Cervantino, a las 20 horas.

Proceso conversó telefónicamente con este desparpajado mago del violín, quien realiza casi medio millar de recitales al año con orquesta sinfónica, y radica en Madrid desde hace tres lustros (de ahí el nombre de la gira).

–¿Qué es más importante, el sentimiento o la técnica para usted?

–¡Hombre, sin duda que el sentimiento! Obviamente, la técnica es importante, tener una base justamente para poder expresar lo que uno quiere; pero el público que viene a escucharte a un teatro no está buscando de ti la perfección, sino emocionarse, que la música le llegue al alma, al corazón.

“Así que nosotros en el escenario nos entregamos con alma y cuerpo para llegar al público. El mejor músico pone la técnica siempre al servicio del sentimiento.”

Los conciertos de Ara Malikian son muy emotivos. Es todo un show verlo en el escenario, transmite gran alegría con su violín.

–¿Qué siente al tocar?

–Antes que nada, siento mucha felicidad. Una gran emotividad, especialmente, porque yo toco diferente en casa a cuando estoy en frente del público. Una vez ya en el escenario, el público me alimenta, me inspira, me emociona y me abraza cual un subidón tremendo de adrenalina. En concierto vivo los momentos más felices de mi existencia.

–¿Cuándo tomó por primera vez un violín?

–Pues ya ni me acuerdo, porque mi padre era violinista. Siempre sentía la música en mi familia y desde antes que naciera. Nunca he podido recordar cuándo lo toqué o haber tomado una decisión para convertirme en un violinista, porque el violín fue parte de mi infancia y lo es de mi vida, día a día.

El arte de vivir

Sus padres nacieron en Armenia. Ara ha tocado allí en varias ocasiones, “pero yo no nací en Armenia aunque hablo el armenio, conozco bien la música armenia y también me siento armenio”.

–Su manera despreocupada de vestir con los cabellos rizados a los cuatro vientos y tocar casi bailando es diferente a los violinistas clásicos…

–Yo creo que los violinistas somos como cualquier persona común y corriente. No pienso que si uno desea convertirse en músico tenga que ser distinto a los demás.

“Pero como he vivido en el mundo de la música clásica, siempre me ha molestado esa actitud estirada del músico clásico tan arrogante, yo nunca me he identificado con esto. Me gusta ser y mostrarme como soy yo mismo, con mi personalidad, tocar la música que a mí me agrada. No encajo en el cliché del músico clásico, pero tampoco pretendo usar esos disfraces formales ni ser un violinista diferente al que soy.”

–¿Encuentra barreras entre la música clásica y la popular?

–No hay diferencias. Para mí, hay música que me emociona y música que no me emociona. A mí me emocionan muchas músicas: en lo clásico, lo popular, el rock, el jazz o en la música electrónica. Hay algunos puristas que marcan su barrera en la música culta, sin embargo yo creo que toda la música es culta.

–Varias naciones le han otorgado importantes galardones a su trayectoria como violinista, ¿qué tan distintos son los públicos en el mundo?

–Bueno, todos los países tienen ciertas diferencias pues cada cabeza es un mundo. Sólo que en el fondo del corazón la pasión es la misma por doquier, todos nos emocionamos y nos sentimos conmovidos con la música pese a nuestras variantes particulares, aunque eso es lo valioso de la música como lenguaje universal.

“Podemos hablar distintas lenguas sin comprendernos; pero a través del arte y de la música nos vamos a entender o emocionar juntos, por ser la cultura un idioma común y patrimonio de todos los pueblos.”

–¿Cuál es su orquesta filarmónica favorita?

–No tengo ninguna en particular. Mi orquesta favorita son mis amigos con quienes toco, me encanta compartir el escenario con ellos, pasar momentos y preparar los conciertos con ellos. Tampoco puedo decir que me gusta tal o cual cuando no lo conozco personalmente.

–¿Director de orquesta favorito?

–Tampoco tengo. Yo no soy muy de directores, porque he tocado muchos años sin orquesta y trabajado también con muchos directores. Les admiro pero no idolatro a grandes directores.

–¿Violinista favorito vivo o muerto?

–Niccolò Paganini es sin duda mi violinista favorito, una leyenda. En cada violín existe el alma de Paganini, ¿no? Y después de Paganini admiro a muchos como Jascha Heifetz, Gidon Kremer, Fritz Kreisler… Hay bastantes violinistas cuyo trabajo respeto.”

–¿Usted compone?

–Sí, durante largo tiempo solamente me dediqué a interpretar; pero en los últimos dos años he retomado mi interés por componer y este mes de noviembre sacaré un disco de composiciones propias.

–¿Cuáles son sus metas en la música, en el arte y en la vida?

–Yo no tengo metas, no hay nada que quiera alcanzar. Lo que anhelo es seguir soñando, aprendiendo, creciendo y viajando, conocer más músicas en mis viajes, personas y pueblos nuevos. Ese es mi sueño. Mientras pueda tocar y hacer música, seré feliz y disfrutaré de mi profesión, que es maravillosa.

–¿Qué es lo que más necesita este mundo tan convulsionado para salir adelante?

–El respeto a las creencias y a la opinión diferente. Cada vez nos encerramos en una lata donde no aceptamos que los otros sean distintos a nosotros, creo que esto es causa de grandes conflictos y profundos desacuerdos.

“Todo es posible en el arte. Gracias a la libertad en el arte, todos podemos ser libres y hacer las cosas sin barreras: soñar, viajar, crear; por ello, en la vida real necesitamos más el arte como ejemplo, y así seguramente habrá más unidad y, con un algo de suerte, acabaremos con las guerras.”

Ara Malikian seguirá su viaje por México, con la siguiente agenda: 11 de octubre, concierto didáctico infantil Las cuatro estaciones de Vivaldi en el Teatro Stella Inda de Morelia; 13, Auditorio Telmex de Guadalajara; 14, Teatro Nazas, de Torreón, y 16, Teatro Ricardo Castro en el Festival Revueltas, de Durango (http://www.aramalikian.com/).

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