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El voto latino de Florida empieza a abandonar al Partido Republicano

Por Julia Preston y Lizette Alvarez

MIAMI — Durante décadas, ser latino en Florida equivalía casi a ser republicano. Miami era, sin duda, la capital de los exiliados cubanos que habían huido del gobierno comunista: ellos constituían el grupo más numeroso de latinos en el estado, y en la década de los 80 una gran mayoría se había registrado en el Partido Republicano.

Pero un vistazo a la inscripción de votantes en Florida, donde los nombres Samuel del Valle, María Flores y Oswaldo Muñoz aparecen como independientes o demócratas, deja claro cuanto ha cambiado eso en uno de los estados más importantes para la política de Estados Unidos, uno que será vital para la victoria de Hillary Clinton o de Donald Trump en noviembre.

En marzo, Samuel del Valle, que acaba de llegar de Puerto Rico, se plantó frente a una mesa de registro de votantes y vio las cuatro opciones que tenía ante sí: el Partido Demócrata de Florida, el Partido Republicano de Florida, un partido minoritario o ninguna afiliación partidaria.

En Puerto Rico los partidos políticos mayoritarios utilizan nombres diferentes y tienen diversas opciones respecto de la situación de la isla en relación con Estados Unidos: ¿La isla debería buscar una independencia total, convertirse en un Estado de pleno derecho, seguir asociada? En Estados Unidos tienen que sumar, a esas, otras opciones.

“Elijo demócratas”, dijo Del Valle, que tiene 34 años y vive en St. Cloud, la zona de Orlando que representa uno de los motivos por los cuales los latinos de Florida ya no son un voto republicano seguro: el rápido crecimiento de la población de Puerto Rico.

Cuando María Flores —hija de refugiados cubanos en Estados Unidos— llegó desde Nueva Orleans para hacer su secundaria en Miami hace tres décadas, se quedó impactada por la “cubanía”, la sensibilidad cubana.

Se adaptó rápidamente. El spánglish se convirtió en su tercer idioma. Aprendió a hacer el saludo cubano, un beso actuado y al aire, aunque recién conocieras a la otra persona. Después, a los 18, participó en otro ritual de iniciación de los cubanos de Miami: se registró para votar con los republicanos.

“Mis padres eran republicanos y estaban felices de serlo”, dijo Flores en su salón, donde podía sentirse el olor del arroz y los frijoles que venía de la cocina.

Pero en 2008, esta mujer de 48 años que trabaja como secretaria y es madre soltera, hizo lo que parecía impensable. Se registró de nuevo para votar pero como demócrata, otra muestra de que los republicanos ya no pueden contar con los latinos de Florida.

Desde sus oficinas en Doral, un municipio de Miami, el emprendedor venezolano Oswaldo Muñoz lidera un imperio de periódicos y páginas web que abarca desde Florida hasta Panamá y España. Tiene 64 años y es uno de los inmigrantes latinoamericanos que han contribuido a la diversidad y el crecimiento de Doral, un lugar 80 por ciento latino. Muchos como él llegaron ya con una buena situación económica. Otros llegaron sin nada, buscando el sueño americano.

Cuando Muñoz llegó hace dos décadas Doral era un barrio lleno de almacenes. Pero a medida que los venezolanos escapaban de los estragos económicos del presidente Hugo Chávez y de su sucesor Nicolás Maduro, Muñoz logró aumentar el número de lectores de sus publicaciones, conocidas como El venezolano. Un restaurante que sirve arepas, la comida tradicional del país, se convirtió en el centro social de la zona.

Cubanos, colombianos y dominicanos comenzaron a llegar a este barrio lleno de edificios, palmeras y campos de golf. Más de 200 empresas establecieron sus sedes allí. Muñoz vendió muchísima publicidad.

En sus columnas hace campaña contra el gobierno izquierdista que ha reducido a Venezuela al hambre. Pero en cuestiones de política interna él ya tiene nacionalidad estadounidense, y se registró como un independiente que vota a los demócratas.

Hace una década los republicanos lideraban la inscripción de votantes entre los latinos del estado: 37 por ciento eran republicanos, 33 por ciento eran demócratas y un 28 por ciento se declaraban independientes. Este año, el partido republicano solo tiene el 26 por ciento de los latinos registrados y los demócratas acumulan el 37 por ciento. Un 35 por ciento de los latinos son independientes y tienden poco a poco a ser demócratas, sobre todos los inmigrantes puertorriqueños recién llegados.

“El voto hispano en Florida era conservador de manera estable y ahora se está convirtiendo en demócrata de manera estable”, dijo Fernando Amandi, un encuestador que ha investigado ampliamente a los latinos en este estado crucial para el resultado de las elecciones.

Aún así, casi todo sigue en el aire. Los mejores candidatos latinos en el partido republicano, como el senador Marco Rubio, aún controlan un número importante de votos locales. En Miami, el representante Carlos Curbelo —republicano cubano-estadounidense— y Joe Garcia —demócrata cubano-estadounidense—, pelean codo a codo por un puesto. Garcia quiere recuperar el escaño que Curbelo le arrebató.

Hay pocos lugares en Estados Unidos donde el poder del voto latino sea tan fluido como en Florida. Estas son tres instantáneas de esa realidad.

Atraídos por el cambio.

MIAMI — María Flores nunca estuvo enamorada de la política. Pero cuanto más oía hablar a sus jefes, un grupo de abogados, más se daba cuenta de que estaba de acuerdo con los demócratas en los temas que lo afectaban. Como a tanta gente que se cambia de partido, su decisión estuvo muy influida por la candidatura de Obama en 2008.

“Era una madre soltera con dos hijos, y él representaba un cambio. Ayudó a gente como yo, a la igualdad”, dijo.

Flores se preocupaba por haber sido despedida. Se preocupaba por cómo podría permitirse comprar un auto o pagar los estudios de su hijo. Aún así, no se sentía atraída por el Partido Republicano. No le hablaban a ella, dijo: sentía que soltaban discursos sobre el aborto, los derechos religiosos y la inmigración. “Era: ‘Dios dice esto y aquello’”, dijo.

Su padre y su hijo, de una u otra manera, avanzan en la misma dirección.

Su padre, Rolando Bocos, construía barcos y estuvo cinco años en la cárcel después de que el gobierno acusara a su hermano de portar un arma ilegalmente. Bocos no es demócrata. “Creo que son comunistas”, dijo. Pero ahora tampoco votará por los republicanos. “No me importa ya si son republicanos o demócratas”, dice. Tiene 77 años. Con esta edad, dijo, solo le importan “los programas de salud”. Este año no votará.

El hijo de Flores tiene 21 años y se llama Alex. Estudia en la Universidad Internacional de Florida y se inclina hacia el Partido Demócrata por sus ideas respecto de temas como los derechos de las personas homosexuales (su padrino y algunos de sus primos lo son). “Sé quienes encajan en mi código de valores”, dijo. El año pasado se convirtió en presidente de los demócratas de su facultad.

A Flores le causa gracia el cambio inesperado que ha habido en su vida. “Es gracioso que haya llegado a Miami para convertirme en demócrata”, dice.

La experiencia del exilio

DORAL, Florida — La transformación de Doral refleja cambios más amplios que han ocurrido por todo el sur de Florida. Los cubano-estadounidenses ya no son quienes dominan en la zona. Ahora es una mezcla hispana que incluye una ola de migrantes de toda América Latina. Muchos venezolanos, colombianos y brasileños que huyen de sus países y que, una vez que se convierten en ciudadanos, se vuelven partidarios del Partido Demócrata.

Su poder como votantes es limitado, pero crece. Muchos inmigrantes en Doral no han estado aún el tiempo suficiente para tener derecho al voto, así que de sus 56.000 habitantes, solo 20.000 se han registrado para votar. Pero la tendencia a dejar el Partido Republicano es clara: 29 por ciento son demócratas, 46 por ciento son independientes, y solo 24 por ciento son republicanos.

Muñoz dice que los cubanos han dado la bienvenida a los venezolanos en Miami. Creen que sus experiencias son similares, y la sensación es recíproca. “Nos sentimos cercanos a su dolor. Lo entendemos”, dijo.

Pero hay diferencias. Los venezolanos rechazan cualquier cosa que les recuerde al gobierno autoritario de Chávez pero están de acuerdo con rol del estado en salud y en educación que proponen los demócratas. Muchos venezolanos sospechan de la política de conciliábulos que defienden los republicanos de Miami.

A diferencia de los exiliados cubanos, que se benefician de ventajas especiales al ingresar en Estados Unidos, los venezolanos y otros inmigrantes latinos no lo tienen tan fácil. Algunos de los habitantes de Doral no tienen papeles de residencia en regla.

“Somos inmigrantes y siempre lo seremos”, dijo Muñoz.

La carrera para ser alcalde de Doral este año muestra los cambios que se han producido. El alcalde actual, Luigi Boria, es un hombre de negocios venezolano que se hizo a sí mismo. Aunque es independiente en la práctica es republicano, y a la vez es un pastor cristiano conservador cuya prioridad ha sido ponerle orden al crecimiento frenético del municipio, al mismo tiempo que lo promueve.

Su oponente principal es Sandra Ruiz, demócrata y concejal de origen mexicano que llegó aquí desde San Siego hace años. Ruiz da vueltas por la ciudad en un coche decorado con sus fotografías. Dice que Borgia es demasiado favorable a los desarrolladores urbanísticos y no ha sido capaz de incluir a los habitantes de menos ingresos en sus políticas públicas.

Aunque Boria es su compatriota, Muñoz y sus periódicos apoyan a Ruiz. Teniendo presente el gobierno de Hugo Chávez, que se prolongó a lo largo de varios mandatos en Venezuela, Muñoz cree que un solo período es suficiente para Boria.

Pero en Doral, como entre la mayoría de votantes latinos de Florida, la persona que empuja a los latinos hacia los demócratas este año es el candidato republicano Donald Trump. Trump, dueño de un campo de golf aquí, convenció a Doral para que fuera sede del concurso de Miss Universo en 2015. Los impuestos de la ciudad acabaron pagando 1,1 millones de dólares a la organización de Trump, un dato que fue confirmado por Boria. Pero la exposición a esa actividad fue buena para los negocios locales. Boria propuso darle una llave de la ciudad a Trump.

Pero cuando el candidato republicano comenzó su campaña atacando a los mexicanos y llamándolos criminales, en Doral no cayó bien. Ruiz se sintió ofendida.

“El momento en que abrió la boca para referirse a los hispanos perdió todo lo invertido en la ciudad”, dijo Ruiz.

La sensación de insulto se profundizó cuando Trump lanzó su ataque en Twitter contra Alicia Machado, que fue Miss Universo y es venezolana, cuya historia fue resaltada por Clinton durante el primer debate presidencial. Trump dijo que era “asquerosa” porque había ganado peso después de ser elegida Miss Universo.

En una entrevista con los diarios de Muñoz, Machado, que este año se hizo ciudadana de Estados Unidos, pidió a los votantes latinos que aprendan de su experiencia: “No podemos arriesgarnos a tener un macho tan violento y de tan mal temperamento como Trump como presidente”.

Para Muñoz, Trump, aunque sea republicano, se parece a Chávez. “La arrogancia, la intolerancia, la manera en que insulta a la gente que no está de acuerdo con ellos”, dijo. 

Hablar su idioma

ST. CLOUD, Florida. – Cuando Samuel del Valle se hizo demócrata se sumó a un gran flujo de ciudadanos que se mudaban a Florida Central; puertorriqueños que ayudan a darle forma a la nueva forma política del partido. Su presencia creciente en el estado es uno de los motivos principales por los cuales Florida está dejando de lado a los republicanos gradualmente.

Del Valle, que es profesor y licenciado universitario, dice que le resulta fácil elegir. Le gustaban los Clinton. También Obama. Incluso le gustaba Jeb Bush. Pero Bush abandonó la carrera por la nominación como candidato republicano. Del Valle sabe lo suficiente sobre los demócratas como para entender que hablan su idioma.

“Lo hacen muy bien con las minorías, las mujeres y las personas homosexuales”, dijo Del Valle. “Apoyan a los árabes, los indios y los latinos, todos somos diferentes y tenemos culturas diferentes”.

Para el Partido Republicano, los miles de puertorriqueños que han abandonado la isla por el colapso económico aún están al alcance. Como muchos otros latinos suelen tener valores conservadores, no tienen ideas preconcebidas sobre los partidos y están abiertos a escuchar. Con el candidato adecuado los republicanos podrían tener ese voto.

“Me gustan algunas ideas republicanas”, dijo. El partido es patriota, añadió: defiende la ley y el orden, la disciplina en el gobierno y un ejército fuerte. Esas ideas las entienden muchos puertorriqueños, que ya están acostumbrados a altos índices delictivos y a mucha corrupción en el gobierno, junto con una fuerte presencia militar.

“Trump dice cosas que son ciertas”, dijo Del Valle. “La frontera es larga y hay gente que la cruza ilegalmente”.

Hasta ahora no es suficiente con los votantes puertorriqueños. Su alianza con los demócratas está fuertemente arraigada en los mensajes y actitudes de los candidatos, y en las señales que lanzan y que se orientan a tratar a los latinos como iguales.

“Me veo como un latino que quiere contribuir a Estados Unidos”, dijo Del Valle. “Y los demócratas dicen cosas que quiero oír sobre los latinos”.

The New York Times